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Historias para no dormir

Historias para no dormir

Notapor Kleos » Jue Jun 10, 2010 8:02 pm

Autor: Monclio el Sab Jul 26, 2008 1:43 pm
Vamos a ver que somos capaces de poner es este hilo que espero nos acoj.. un poquito.
La historia que os voy a contar me dejó impactado hace años y espero que a vosotros tambien.
Esto fué sobre el año 1987, nos encontrabamos en la discoteca "El Huerto" disfrutando de una noche de verano a tope. Estabamos con un grupete de chavalas de nuestra edad más o menos, los que lo habeis conocido el huerto os acordareis del ambiente tan estupendo de verano que por allí se vivía. De pronto pasó una chica preciosa a nuestro lado y se me quedó mirando con una mirada de tristeza de las que te dan que pensar, se puso a nuestro lado y no podía dejar de mirarla con el rabillo del ojo. Era guapísima, con unos ojos maravillosos y a la vez llenos de tristeza, empezamos a hablar, me dijo que era del pùeblo, pero que llevaba mucho tiempo sin salir. Nos sentamos a charlar mientras tomábamos una copa, no parabamos de hablar y de reir, cuando me di cuenta sa había pasado un montón de tiempo, nunca me había sentido tan bien con una chica.
Empezó a refrescar y me ofrecí para dejarle mi chaqueta, la aceptó , la noche se ponía fea, relampagos, truenos, lluvia. Me dijo que se tenía que marchar, que era tardísimo, me ofrecí para acompañarla pero no me dejaba, me dijo que pasase a por la chaqueta al día siguiente a la dirección donde me había dicho que vivía. Joder todo se había acabado tan de pronto..vaya mierda.
Al día siguiente fuí a buscar mi chaqueta a su casa con la intención de volver a verla, no podía olvidar esos ojos tan maravillosamente tristes.
¡Buenos días, señora! creo que anoche le dejé mi chaqueta a su hija y me dijo que pasase hoy a recogerla. ¿Está ella en casa? Me gustaría hablar con ella.
¡No hijo mio eso es totalmente imposible! Mi hija murió hace 3 años.
Perdone usted señora aqui debe de haber algún error, esta es la dirección que me dió su hija, usted es clavada a ella y le aseguro que anoche estuve con ella.
¡ Es imposible te digo y si se trata de una broma es de muy mal gusto chavalito!
Insisto anoche estuve con su hija y tiene mi chaqueta, con toda mi documentaciòn y dinero.
¿Tienes coche aqui? (Me dijo la madre)
Si, si señora lo tengo aquí mismo.
Vamos a un sitio que quiero que veas algo.
Nos subimos los dos en el coche, ella me decía el camino a seguir. De pronto me di cuenta que me llevaba hacia el cementerio, no lo podía creer, no salía de mi asombro.
Nos bajamos del coche, nos mirabamos pero no deciamos nada, empezamos a callejear entre tumbas cuando de proto me dice:
¡Esa, esa era la flor y la alegría de mi vida!
Me quedo mirando y...¡Dios mio es ella, es ella, es ella, no puede ser cierto!
Un escalofrio empezo e recorrer todo mi cuerpo desde el pelo hasta las uñas de los pies, las piernas me temblaban...todo mi cuerpo temblaba.
¿Me imagino que esa será tu chaqueta? Me dijo la madre.
¡ Dios mio ! Estaba colgada del crucifijo de la tumba, la cogí temblando sin parar, miré a ver si estaba la cartera dentro, la abrí y tenía una nota con un beso de carmín que decia:
¡Gracias por esta noche tan maravillosa¡

Todavia me sigue recorriendo el cuerpo el mismo escalofrio, cada vez que recuerdo esta historia o pienso en la chica de los ojos maravillosamente tristes.

Piesa lo que quieras de esta historia, pero yo tambien me reia de estas cosas antes de que me ocurriera esto.

Realidad o ficción, tú mismo
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Autor: Monclio el Dom Jul 27, 2008 9:22 am
Habeis oido algun@ hablar de cierta casa que se encuentra muy cerca de la Plazoleta de los Enanitos y que tras ser habitada por personas de una secta, empezaron a ocurrir fenómenos extraños en dicha casa. Tras estar un tiempo cerrada, tengo entendido que la compraron una pareja de Madrid y la tuvieron que dejar por que casi se vuelven locos de las cosas que alli veian. Ruidos, objetos moviendose, sombras, etc. La casa no se ciertamente cual es pero seguro que alguien que haya vivido por alli tiene que saber algo de este tema.
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AIREN el Dom Jul 27, 2008 4:48 pm
Muy buena la historia del principio Monclio

Lo de la otra casa que dices por casa de los enanitos, algo creo haber oido pero creo que fue ya hace años,¿no?.

Si os interesan los temas esotericos y demas, aqui os dejo una pagina que no esta mal www.misabueso.com
Habla sobre el significado de los sueños y para quien quiera saber que fue en su vida pasada y algunas cosas por el estilo.

No os voy a contar ninguna historia mia para no dormir, porque las pocas historias o episodios que yo creo que me han pasado, han sido muy agradables (no despertarian ningun interes) y ademas son cosas muy relacionadas con mi familia (prefiero no contarlas).

Sólo os contare una vez que en el trabajo nos pusimos a hablar de estos temas y un chico nos empezo a decir que cuando estaba en la mili invocaron a algún espiritu (y estaba cagao contandolo), pero que por una razón u otra nunca habia conseguido contar esa historia; justo cuando lo teniamos convencido para que nos lo contara, se fue la luz en toda la empresa (una bodega muy grande en la que eran muy improbable que pasaran estas cosas) y el chaval se acojono tanto que nos quedamos sin saber la historia

Saludos
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Monclio el Lun Jul 28, 2008 12:22 pm
Kleos, solamente el nombre del cerro ya da que pensar, a ver si nos cuentan algo.
Alguien sabe algo de un supuesto convento que dicen había en el cerro de San Cristobal. Yo he visto unas piedras que hay a modo de ruinas en la parte alta entre los pinos. Si es cierto, pienso que es un lugar que puede entrañar mucho misterio. Dicen que las noches de luna llena se ve una dama de hábito negro deambulando por el cerro. Dicen los que se han cruzado con ella, que te deja paralizado mientras pasa a tu lado sin mirarte...hay parejas de gente joven que la han visto y comentan que jamás se ecercarian de nuevo al cerro por la noche.
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:smt024 :smt024 En el año 1603 se trasladaron a la ermita de dicho cerro (de S. Cristobal) los Trinitarios y los enfermos del hospital de S. Nicasio, que al estar al lado de la Veguilla, sufrian enfermedades agravadas por lo insano de vivir al lado de la vega.
Cerca de los años 1900 fue desmantelada, y de nuevo recostruida en los años 1910, y destruida de nuevo en la guerra Civil... :shock: :shock:
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Re: Historias para no dormir

Notapor Kleos » Jue Jun 10, 2010 8:12 pm

Ciudadano de Valdepeñas el Lun Jul 28, 2008 4:17 pm
El molino del cerro San Cristóbal fue restaurado por iniciativa de Carlos Muñoz, que residía en Barcelona (no sé si aún vive). Este Sr. era oriundo de Valdepeñas, primo hermano de Octavio el sacristán del Santo Cristo, ejerciendo de maestro en la ciudad condal. Estaba muy ligado al G.A.L. El Trascacho, llegando a formar allí una especie de segunda sede o algo parecido.
La idea de restaurar uno de los molinos la inició en un viaje que hizo a Valdepeñas a la boda de la hija de una prima suya.
Este Sr. aparecía en algunos programas culturales de TVE, era algo grueso y tenía la cabeza rapada.
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ungol el Mar Jul 29, 2008 11:02 am
Con respecto al tema de las cosas inquietantes tengo yo algo que contaros. Resulta que en Valdepeñas existió una casa de expósitos, regentada por órdenes religiosas. La historia que tengo que relataros le sucedió a un amigo mío una noche de invierno, y tiene que ver con estos personajes...
La fecha del suceso es muy importante: nochebuena de hace unos 13 años. Ese día había amanecido con una niebla bastante espesa. Cuando llegó la tarde levantó un poco el manto de blanca ceguera, pero a las 7 comenzó de nuevo a bajar. Había estado con un amigo (al que llamaremos Fëanor) por la tarde, y habíamos quedado para hacer maitines después de la cena. Sin embargo, una ligera indisposición me impidió ir a la fiesta que habíamos preparado. Llamé a mi amigo y me disculpé. Yo me metí en la cama con unas décimas de fiebre y el resto de la pandilla celebró la cuchipanda en una casa particular.
Al día siguiente recibí una llamada de Fëanor. - Necesito verte para contarte algo alucinante, me dijo. Como todavía no estábamos en la era del móvil y la intimidad del teléfono de casa me impedía pedir detalles de la urgencia de mi amigo, quedamos para tomar un café tras la comida. Fue esa tarde del 25 de diciembre cuando las palabras de Fëanor, contadas con precipitación, miedo y exasperación, me provocaron una honda sensación que todavía me dura. De hecho, mientras escribo estas palabras, el vello de mis brazos se ha erizado, precisamente como aquél día...
Al parecer, los maitines funcionaron fenomenal, al menos en su primer tramo. Bebida, música alta (imagino que sonaría Nirvana, Metallica, algo de The Jesus and Mary Chain, tal vez los Dinosaurs Jrs, Inquilino Comunista, Privata Idaho, Pixies,...), chicas, chistes, risas, etc. Sin embargo, y como suele suceder en estas ocasiones, el alcohol y la adolescencia no son buenos compañeros, y tras tres o cuatro horas de marcha continuada casi todos estaban tumbados en las mantas del suelo, afectados por el alcohol. Fëanor, sin embargo, había aguantado más y se estaba riendo del resto cuando el llamador de la puerta resonó con un golpe seco. Tum. En ese momento, la alarma del reloj de alguien dio las cinco de la mañana. Fëanor, que no esperaba a nadie, fue a abrir, suponiendo que serían los típicos gorrones que buscan bebida gratis. Al abrir la puerta, sin embargo, sólo vio niebla. Niebla. Blanca e intangible. Iba a cerrar la puerta cuando el llanto de un niño le sobresaltó. - Voy tan cocido que me imagino cosas, pensó Fëanor, pero volvió a oír la llamada de angustia de ese niño, esta vez con más insistencia. Era un llanto inconsolable, de pura tristeza. Era el llanto de una garganta joven que, sin embargo, ha vivido lo suficiente para conocer la pobreza, para haber probado, en sus propias carnes, la dentellada del hambre y el aliento de la soledad. Y el miedo. Algo inquieto, mi amigo pronunció un vacilante -¿qué pasa por ahí? De repente, el llanto cesó. Y un coro de lúgubres voces se alzó en la blanca noche. Fëanor ya no sabía qué hacer. Sin embargo, el cántico era atractivo, casi bello. Triste, pero a la vez bello. A ratos, intercalada entre el soniquete, sonaba una pequeña campana de mano. Y fue en ese momento cuando los vio. Cinco figuras vestidas de negro, con las capuchas puestas, pasaban en ese momento por la calle. Una de ellas llevaba de la mano a un niño que lloraba. Fëanor se quedó paralizado, muerto de miedo. Los tétricos personajes desfilaban ante él y parecían no inmutarse por la presencia de mi amigo. Justo en el momento en que pasaban de largo, con un lento andar, cadencioso, el niño se volvió. Sus ojos miraron fijamente a Fëanor. Y mientras su rostro se perdía en la niebla, su carita esbozó una sonrisa...
Mi amigo levantó al personal a voces, pero algunos estaban demasiado borrachos para comprender qué les estaban diciendo. Otros se reían de Fëanor, diciéndole: - estás cartolo, colega. Las risas, los abrazos, un par de copichuelas, ayudaron a mi amigo a ir olvidando el percance, a ir pensando que todo había sido consecuencia del alcohol. Sin embargo, cuando la zonga acabó, entrada ya la mañana, Fëanor llegó a su casa y en el buzón tenía una carta, escrita a mano, en la que se le invitaba a adoptar a un niño. Se incluía una foto del chaval en cuestión. No os tengo que decir a quién se parecía, ¿verdad? Tenía, desde luego, la misma sonrisa.
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Monclio
Esta tarde he vivido una psicofonia en primera persona, sobre las 4 de la tarde circulando con mi coche, llevaba sintonizada onda cero y de pronto se ha escuchado la voz del Sr alcalde y presidente de Valdepeñas de contertulio! He parado el coche bajo un tremendo ataque de ansiedad y terror y gritaba ¡noooo, noooooooo, en la radio tambien noooooooooooo!
Tras unos minutos de angustia terrible he podido continuar la marcha, eso si, no creo que sea capaz de encender una radio nunca más...¡Ozú que mieo!


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ungol el Jue Jul 31, 2008 9:44 am
Aún a riesgo de que me consideréis un pesado o un freak de mucho cuidado, os quiero relatar otra historia. Releyendo el hilo he visto que bocaseca hizo referencia a la muerta de la curva. Quiero contaros una historia que le ocurrió a un amigo mío (ejem) al que llamaremos Fëanor1 (no, es broma; pongamos que mi colega se llamaba Gimli).
Para aquellos que no conozcáis la leyenda urbana os diré que muchas personas afirman haber montado a una autoestopista que, cuando el coche llegaba a un sitio determinado, decía con cavernosa voz: yo me maté en esa curva. Cuando el conductor miraba hacia el asiento del acompañante la figura se había desvanecido.
Nos tenemos que situar en la nochevieja del año 99, una hora después de que el reloj marcara la medianoche (y de que todos comprobáramos cómo lo del efecto 2000 había sido un bulo; vamos, que se habían reído de nosotros). Gimli, buena gente, educado, trabajador, circulaba en ese momento en dirección sur, ya que parte de sus amigos (ah, los estudios universitarios) eran de un pueblo de Jaén. Imaginaos el cuadro: tras la ingesta de la copiosa cena (y alguna copa de Valdepeñas, todo hay que decirlo) y con prisas, mi amigo se levantó de la mesa una vez ingeridas las 12 uvas y se vistió de traje y corbata, dispuesto a pasar una noche con la pandilla universitaria (no os tengo que decir que el propósito también era salir a ligar).
El motor del coche ronroneaba suave, tranquilo. El cuentakilómetros indicaba 10 kilómetros por encima del límite permitido, pero esa noche las prisas por llegar podían más. La radio ofrecía música desde un casete algo trillado, y un cigarrillo en la comisura de sus labios indicaba que, efectivamente, no lo había dejado (como todos los amigos, por otro lado, habíamos apostado). La noche estaba fría, una de esas noches manchegas de invierno, de aliento gélido y sin una nube en el cielo. Tan sólo el débil titilar de las estrellas y una pálida media luna, casi en el final de su ciclo menguante, fueron testigos de lo sucedido en esas primeras horas del naciente año.
Gimli se apartó de la Autovía en el sitio convencional y enfiló la carrera comarcal para llegar al pueblo de sus amigos. Justo cuando había rebasado un cambio de rasante atisbó, a lo lejos, una figura blanquecina que agitaba las manos, unos 200 metros delante del coche. Gimli reaccionó tarde, pero reaccionó, parando el coche en el lado derecho. – Una chica y a estas horas, pensó Gimli. Parece que la noche empieza bien, se permitió ironizar. Se bajó del coche e interpeló a la chica. – Oye, ¿estas haciendo autostop? La cabeza de la joven asintió, sin abrir la boca. – Si no te importa, te llevo. Sin decir otra palabra, la joven pasó al lado de Gimli y se montó en el coche, cerrando suavemente la puerta. Era una chica morena, pálida como un espejo de hielo, de manos finas y dedos largos. Vestía con un fino abrigo de color lechoso, que presentaba algunos rotos, y los zapatos y medias tenían aspecto de haber caminado por el campo durante un buen rato. Sin embargo, lo que más impresionó a mi amigo fue su olor: olor a tierra húmeda, a crisantemos, olor dulzón e inolvidable, olor a olvido, miedo y tristeza.
El coche reinició su camino. Gimli intentó comenzar una conversación, pero la acompañante no estaba por la labor. A todo respondía con gestos, asistiendo o negando. Cada vez que movía el pelo, con cada movimiento de sus brazos, el característico olor de la chica inundaba las fosas nasales de mi amigo, incrustándose en su memoria olfativa, para quedarse ahí estancado...
El vehículo, de alma mecánica e insensible a los juegos y forcejeos de los humanos, seguía su marcha, conducido por Gimli. A pesar del olor, había que reconocer que la chica era preciosa: ojos grandes, cabellera lisa y oscura, de facciones delicadas y, a qué negarlo, con un bello y escultural cuerpo. Mi amigo intentaba abordar de alguna manera a la chica, iniciar una conversación, pero todas sus olas se estrellaban contra el atolón indiferente de la joven. Justo cuando Gimli había perdido la esperanza de entablar conversación, la oyó hablar. Comenzó con un hilo de voz débil, casi un susurro diríamos, pero en la soledad de la noche fue perfectamente audible - ¿Ves aquella curva?, dijo ella. Gimli, que ya había dado todo por perdido, pensó que se había abierto una oportunidad para atacar, para conquistar la plaza. Entusiasmado, contestó un sí lleno de energía. Sin embargo, la joven terminó la frase con una voz aún más baja y vacilante: - Pues en esa curva me maté. Tal fue la desesperación de Gimli, su desazón, que exclamó: - entonces de follar ni hablamos, ¿no?
Si amigos, la muerta de la curva. ¿Leyenda urbana? ¿Mito? ¿Realidad? Hagan sus apuestas.
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Re: Historias para no dormir

Notapor Kleos » Jue Jun 10, 2010 8:23 pm

Monclio el Jue Jul 31, 2008 5:45 pm
La siguiente historia sucedio en este pueblo hace ya algunos años. Si teneis un poco de memoria os acordareis de cierto chico muy conocido en el pueblo, por lo cual no diré su nombre, que se hizo muy famoso por los sucesos acaecidos en su casa.
Bueno vamos allá, dicen las malas lenguas que al padre de este muchacho no se le trataba de una manera digna en su casa, dicen que tanto la esposa como sus hijos practicamente lo trataban como a un animal hasta el dia de su muerte.
La casa es un poco tétrica, por que está todo lleno de simbolos religiosos, virgenes , santos, crucifijos, etc. Por lo demás es una casa normal, pero yo las veces que la he visitado...notas algo, no se, o será la propia sugestión.
Un día de buenas a primeras este muchacho empieza a sangrar por la frente, dos especies de llagas en las sienes y que no cicatrizan. A raiz de esto empiezan a suceder en la casa fenómenos extraños, ruidos, objetos que se empiezan a mover solos, una especie de sombra que vaga por las paredes, el chaval sufre una especie de ataques o posesión, que para creerlo hay que verlo, algunas veces 5 ó 6 hombres no son capaces de controlar la fuerza que tiene durante esos momentos. El asunto saltó a los medios de comunicación, tanto es así que una cadena de nivel nacional se ofrece a pasar la noche dentro de las casa con ellos, para ver si ocurre lo que realmente dicen. Pues esa noche no pasó nada de nada, por lo que todo el mundo empieza a pensar que es un fraude. Yo no diré ni que si ni que no, solo diré que algo había, tal vez remordimiento del trato al padre, tal vez un problema psicologico del muchacho que le hace desarrollar unas fuerzas o poderes que aun no comprendemos. Con el tiempo todo se fué pasando, pero yo no podré olvidar las caras de terror de la madre y el hermano saliendo a la calle a toda ostia por que empezaban a suceder los fenómenos extraños. Las heridas en la cara eran heridas de verdad, yo cuando hablaba con él las miraba y se te ponían los pelos de punta, la gente decía que se las hacía a proposito con una cuchilla de afeitar. Yo le decia ¡¡ macho tu lo que necesitas es una buena negra que te saque esas energias del cuerpo!! Le decia esto por que el tio estaba soltero. Os vuelvo a decir que cuando pasas a esa casa hay algo, el ambiente , el olor, el pensar lo que supuestamente alli sucedía...Todo esto se fué quedando atrás y bueno su vida es ahora normal... o eso creo.
Haced un poco de memoria y seguro que lo recordareis.
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Miranda el Vie Ago 01, 2008 10:30 am
¿Os acordáis de las aparciones marianas de Castellar de Santiago? Fueron hace unos 20 años, muchisima gente se desplazó a ese pueblo vecino para poder ver a la Virgen según un joven del pueblo....y vieron al oftalmologo de guardia con las retinas quemadas.
No se ha vuelto a saber nada, lógicamente.
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Autor: Monclio el Vie Ago 01, 2008 2:48 pm
Será cierto que hay un tunel que une el Convento con la Iglesia de la Asunción? Siempre he oido esta leyenda que espero alguno de vosotros podais confirmar. De ser así os imaginais las historias que han podido suceder alli, de castigos, sexo, huidas etc. Joder me encantaría verlo, lo mismo hay tumbas y todo. Cuando estuve en Roma me dejaron impresionado las catacumbas, y si aqui las hubiese?. Que puntazo! Venga a ver que sacamos en claro sobre este tema.
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Bocaseca el Sab Ago 02, 2008 11:52 am
Bueno, paso a relatar el final de la historia...


El porsche de nuestro protagonista llegaba a casa diez minutos más tarde del susto por el disparo. Esa noche, como tantas, sólo le esperaban sus perros. Tras abrir la puerta de la cochera y dejarlo aparcado enter los caros coches de lujo (fruto del blanqueamiento del dinero B que ganaba del dinero de las furcias que trabajaban en su club)subió las escaleras con el pantalón empapado en orin.

Esa noche no se quitó el sueter, sino que se tiró directamente en la cama deseando que tardara mucho en salir el sol, quedándose con esa sonrisa bobalicona de subnormal de la que hace gala en los debates de la televisión local.

A la mañana siguiente sonó el teléfono: - Donty (a nuestro protagonista sus más allegados le llamaban así), Donty, soy Uraño, han matado al alcalde en la sauna!

- Eh..en Madrid?

- Sí, ha sido violado por los hermanos Anipke y la técnica del 3 en 1. Han acabado con su vida, los muy hijosde...Ven a casa, tienes que llevarte la carpeta de la ampliación del campo de golf.

Pero al salir a la calle...los perros estaban muertos y los coches tenían las ruedas pinchadas. Una nota en el cristal rezaba: "Donty, llámame, no tengo saldo". Dios! cómo le jodía eso a Donty; que le dejaran notas y que le hicieran perdidas!!
Pero...quien seria? Si habían matado al alcalde en la sauna...él podía ser el siguiente. Fue a ver a Uraño.

Cogió su abrigo largo y sacó del bolsillo los botes de vaselina que llevaba para ocasiones especiales...llenos de sangre!! No recordó haberlos usado desde que se vio con el consejero en la reunión para construcción de el puerto deportivo "Cabezuela's", y ésa vez no hubo sangre...

Donty se estaba volviendo loco. Por las escaleras bajaron dos cuerpos musculados en el gimnasio de la prisión de máxima inseguridad cercana. Eran los hermanos Anipke.

Ahora le encajó todo. Uraño había muerto hace dos años en la pista para aeromodelismo cuando la aeronave que pilotaba se estrelló en extrañas circustancias. Y los hermanos Anipke no llevaban huchas para el domund así que supo que venían a por él.

El periódico de tirada local "Canfilas" hizo una edición especial con la muerte del alcalde en la sauna homosexual y la desaparición de Donty.


Espero que os haya gustado
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Monclio el Dom Ago 03, 2008 6:53 pm
Esta historia sucedió en el invierno del año 1988, entonces me encontraba haciendo "la mili" en la base de helicopteros de Almagro.

Era una noche con un frio terrible, os podeis imaginar los "pelaos" que caen por estas tierras durante el invierno, pues bien esanoche me tocaba guardia en la base. Como otras noches, nos juntabamos en el cuerpo de guardia para organizar las patrullas y las garitas que se iban a vigilar esa noche.
Lo normal era una patrulla en el helipuerto, otra en las compañias y alrededores, la puerta de entrada y el plantón del cuerpo de guardia para que solo accedieran al interior de la base los vehiculos autorizados una vez habían pasado la puerta de acceso, situada a un par de kilometros del cuerpo de guardia. Los dias que habia amenaza de coche bomba o bajaban los vascos a ver a los "etarras" a la carcel de Herrera patrullabamos tambien por el exterior de la base.
Los que habeis hecho la mili seguro habeis oido hablar de " la monja que se aparece en los pasillos" o de " el que se voló los sesos en la garita de la muerte" etc.

La noche empezó tranquila patrullando por las compañías y bueno, pasabamos el rato y el frio a base de charlar con el compañero, contandonos nuestras penas y nuestras alegrías. Después de cada patrulla de dos horas, dormiamos otras dos y volviamos a salir de nuevo y asi toda la santa noche.

Tras dormir un par de horas me tocaba plantón en el cuerpo de guardia, era una garita de cristal y hierro y donde el frio era insoportable, pero mejor que estar fuera. Era inevitable acordarte de cosas como las que os he dicho antes (lo de la monja y eso) imaginaos allí solo en mitad de la oscuridad escuchando ruidos en el silencio de la noche.
Recuerdo que me estaba fumando un cigarrillo, aunque no podiamos fumar, pero nos las ingeniabamos para hacerlo. Los cristales de la garita se empezaron e empañar con el calor del cuerpo y el contraste con el frio que hacía fuera, cuando de pronto al girarme veo la cara de una mujer en el cristal de la garita, era una especie de virgen con un hábito alrededor de la cabeza y era una imagen bellísima.

Sin pensarlo dos veces me salgo de la garita y me quedo como sin poder reaccionar, estaba acojonado literalmente.

Tras replantear la situación de volver a entrar o morirme de frio fuera, tomo la decisión de volver a entrar y tras mirar la imagen friamente y mientras sin saber porqué le apuntaba con el CETME, tomo la decisión de borrarla del cristal con el guante.

Pero nada en cuanto se empañaba la imagen volvía a salir nitidamente, sus ojos parecian seguirte. ¡¡Joer vaya nochecita que pase hasta que me relevaron!!
Tras comentarselo a los compañeros fuimos todo a verla y todos se quedaban perplejos, la borrabamos y al ratito ya estaba allí otra vez.
No pudimos dormir ese rato que nos tocaba de descanso, unos reian, otros contaban historias de apariciones en sus pueblos, pero a todos se nos quedó esa cara grabada en la mente, cerrabas los ojos y la veias una y otra vez.

Tras descansar, nos tocó patrullar el helipuerto que estaba cerca de la garita de la aparición. Le tocó en la garita a un muchacho de Ciudad Real
al cual llamabamos "Rigodón". Estaba todo su turno fuera de la garita, no tuvo narices a entrar ni una sola vez y encima le cayó un "pelao" encima de los que hacen historia, estaba blanco de hielo, pero prefería eso que estar adentro con la misteriosa cara.

Cuando amaneció nos acercamos otra vez a ver si estaba allí la imagen y sí, en cuanto se empañaba volvía a salir.

Tras mirar y mirar nos dimos cuenta que la imagen estaba como rayada en el cristal, pensamos que alguien la habia dibujado con un clavo o algo parecido, pero con una perfección increible y una expresión acojonante y al empañarse le salía una especie de relieve que la hacia más visible.

Me imagino que si sigue esa garita allí todavia y los cristales son los mismos, la imagen seguirá saliendo las noches de invierno, para acompañar al que se encuentre solo de guardia esa noche.

Espero os guste mi experiencia
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ungol el Mar Ago 05, 2008 7:44 pm
Como siempre, cada vez que leo una de las magníficas historias de Monclio me acuerdo de alguna de las que les han ocurrido a mis amigos. Aunque esta vez es una historia que me ocurrió en primera persona. Creo que fue en el año 95 cuando ocurrió lo que os voy a contar. Os cito el año no porque sea importante, sino para demostrarme a mí mismo que aún no he olvidado aquellos sucesos, que todavía me provocan cierto malestar, digamos emocional. En ese momento estaba en Canarias haciendo la mili, y las noches de algunos fines de semana se hacían verdaderamente aburridas. Éramos pocos los que nos quedábamos en las habitaciones de las camaretas, y muchas veces nos juntábamos a tomar unas copas, a cantar, a jugar a las cartas, etc. Recuerdo que esa noche era viernes, un viernes de estos que te suele ofrecer Canarias: límpido, agradable, con olor a brisa marina (el cuartel estaba al lado del mar)... Algunas nubes se veían en el horizonte, nubes bastante negras, pero por lo demás la puesta de sol era maravillosa.
Después de cenar esperamos a que la persona que estaba haciendo la primera imaginaria gritara aquello de ¡batería, luces! En ese momento todas las bombillas de las habitaciones se apagaban, encendiéndose una luz roja bastante molesta para dormir, a la cual, por cierto, no hacíamos caso ya de tan acostumbrados como estábamos. Habíamos quedado en una habitación para tomar unas copas, ya que el sábado uno podía quedarse en la cama durante un buen rato. Tras dos o tres cubatas a alguien se le ocurrió que sería una maravillosa idea hacer una sesión de espiritismo. Todos, con dos o tres copas de más, asentimos entusiasmados. – ¿Y a qué modalidad nos apuntamos?, exclamó alguno de nosotros. – A la ouija, dijo el que había propuesto la sesión. Aquello nos pareció buena idea y dibujamos un tablero en un papel que teníamos cerca. Ya os anticipo que hicimos las cosas, desde el primer momento, mal. El papel en blanco era el reverso de un calendario con la imagen de Jesucristo crucificado, y nos pareció todavía más adecuado realizar el espiritismo con semejante patrón. Naturalmente, ninguno de los allí presentes creíamos que lo de la ouija fuese a dar mucho resultado, porque éramos bastante escépticos. De hecho, cuando pusimos todos el dedo sobre el vaso de cristal que habíamos elegido como conducto para comunicarnos con el espíritu las risas y el cachondeo eran la tónica dominante. Justo en el momento en que íbamos a desistir, el que llevaba la voz cantante decidió hacer la última pregunta: -Espíritu, si estás ahí manifiéstate. Cuando ya íbamos a levantar los dedos del vaso, ocurrió. Éste se movió, primero despacio, luego más deprisa, y se quedó sobre el círculo que marcaba SI. Imaginaos la escena: 7 tíos medio cartolos, en penumbra, con una luz roja como única iluminación, mirando embobados cómo un vaso de cristal se había movido hacia el lateral del tablero. Os puedo asegurar que en mi vida he pasado más miedo, sobre todo porque el vaso cada vez se movía más y más deprisa, y se iba calentando poco a poco. No sé si eran nuestros dedos, inconscientemente, los que movían el recipiente de cristal, pero os puedo asegurar que aquello daba bastante repelús. Sobre todo cuando ocurrió lo de la luz. No recuerdo con exactitud la pregunta, pero era algo así como que si se quería ir ya. El espíritu contestó NO en el tablero. Y la luz roja, sencillamente, se apagó. Todo el mundo empezó a preocuparse, sobre todo porque el vaso seguía moviéndose, escribiendo un mensaje en el tablero: quería que uno de los presentes abandonase la habitación. Cuando le preguntamos quién, el vaso se movió por toda la mesa, se salió del tablero y empujó a un chico que allí estaba y que, curiosamente, no participaba en la sesión. El vaso arremetía contra el chico, una y otra vez, golpeándole la pierna. Al final este chaval tuvo que levantarse y marcharse de allí. Por cierto, luego nos enteramos que era el único que esa noche llevaba un crucifijo al cuello...
Al final conseguimos que el espíritu se marchara (en ese momento y, como os podéis imaginar, volvió a encenderse la lucecita roja). Creo que fue al día siguiente, o a los dos días, cuando nos dimos cuenta de los efectos secundarios. Al dar la vuelta al tablero de ouija pudimos ver que la imagen de Jesucristo tenía lágrimas en los ojos, unos ojos que se habían abierto y nos miraban fijos, acusadores. Ah, no os he dicho cómo se llamaba el espíritu que esa noche estuvo jugando con nosotros: luzbel
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Re: Historias para no dormir

Notapor Kleos » Jue Jun 10, 2010 8:30 pm

ungol el Vie Ago 08, 2008 11:57 am
Hoy la he vuelto a ver. Ha sido justo cuando cerraba la puerta de espejo del armario. Allí estaba, como todos los viernes. Al lado de la mesita, pálida, delgada, con un vestidito roto y la cabellera despeinada. Como siempre, miraba hacia el suelo. Llevaba una pulsera que se ceñía a sus huesudas muñecas, y un osito de peluche, agarrado con sus delicadas manos, pugnaba por no caerse al suelo. Ya no sentía miedo por el hecho de verla allí, detrás de mí, sola, abandonada, totalmente frágil; sin embargo, la piel seguía poniéndose de gallina porque sabía, con toda certeza, lo que iba a ocurrir. Todo comenzaba siempre de la misma manera: la niña caía al suelo, de rodillas. En ese momento levantaba la cabeza. Y sus ojos, negros como el carbón, sin ningún resto de humanidad, comenzaban a llorar sangre. Y luego, sencillamente, gritaba. Sin sonido, sin voz. Con la boca abierta, mostrando sus pequeños dientecitos de leche. Yo sé que su mirada se dirigía a mí, sé que sus dos pozos negros me estaban diciendo algo. Pero nunca era capaz de levantar la voz, o de preguntar qué era lo que esta princesa de las tumbas quería. Después de los gritos venía lo peor: se ponía de pie y comenzaba a andar, vacilante en sus primeros pasos, algo más confiada posteriormente, pero siempre dirigiéndose hacia mí. Justo en ese momento, en el que la tensión era insoportable, yo me giraba de golpe y, sencillamente, la chica no estaba. Por tanto hoy, como todos los viernes, cuando me gire ella ya no estará. La veo ahora, en el espejo reflejada, pequeña y frágil, sangrando por sus ojos negros, dirigiéndose a mí. Miro su ropa, su pelo, y me entristezco. Hoy, como todos los viernes, no voy a tener valor de quedarme mirando hacia delante e intentar descubrir qué quiere. Así que me giraré, contemplaré la habitación vacía y volveré a convencerme que todo ha sido producto de mi imaginación. Aunque el osito de peluche permanezca, como todos los viernes, dulcemente apoyado en los pies de mi cama...
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Monclio el Dom Ago 10, 2008 11:35 am
AQUI OS JUNTO TODA LA HISTORIA COMPLETA

Fuimos de las primeras tropas españolas en llegar a la zona en conflicto, nosotros no habiamos visto nunca nada así, salvo en peliculas.
Todo era desolación, todo era destrucciòn, habia olor a muerte por todos los rincones de la ciudad. Las caras de la gente reflejaban todo el sufrimiento que habian pasado, muertes de familiares, violaciones, saqueos, violencia extrema. Pero en un pequeño rincon de su cabeza existía una pequeña sensación de esperanza al vernos alli´a nosotros, eramos sus salvadores y su esperanza de un futuro en paz.

Tras establecernos en la base, empezamos a patrullar por las calles de Mostar, la tensión se cortaba con un cuchillo. La gente que nos veia por las calles nos saludaba, otros nos daban la espalda y escupian al vernos pasar mientras nos maldecian.

Con el paso del tiempo vas conociendo gente de la zona, un dia recuerdo que se acerco un hombre y chapurreando español me dijo:
Real Madrid me gusta mucho, España muy buena.
Nos estrechamos la mano le dije mi nombre y él me dijo que se llamaba Darko. Todos los dias se cruzaba en nuestro camino para saludarnos.

Llegó el crudo invierno y todo se cubrío de un precioso manto blanco, parecia un paisaje navideño si no fuese por ese olor a muerte que tenía metido en la cabeza y que por más tiempo que pasaba allí estaba.

Teniamos una especie de garita muy cerca del perimetro exterior de la base, en la cual nos reuniamos las noches de guardia para tomar un bocado juntos. Empezabamos ha hablar de volver pronto a casa los planes de futuro de cada uno.
El Sargento Ramirez me dijo que habia estado hablando con Darko y que le había dado recuerdos para nosotros (por medio del interprete que llevabamos en las patrullas).

- ¡Esta mañana he hablado con Darko, menudo personaje! Estaba en una cantina de la ciudad y ha empezado ha decirnos que nos apreciaba mucho y que no queria que muriesemos ninguno de nosotros.
- Yo le he contestado que si Dios quiere , nadie tenía que morir, que ahora esta era zona de paz.
- No si no es por la guerra, me contestó, es por la zona donde está vuestra base, es una zona sagrada.
- ¡Venga coño Darko que ya somos mayores para esas cosas!
-Creedlo, es cierto amigo, alli han matado a miles de mujeres, niños y hombres y no se ha encontrado ni un sólo cuerpo. ¡¡Dios sabrá donde estan !! Junto a el arbol con forma de "V" hay una especie de losa que reza:
ERITIS SECUS DEUS (Sereis como Dios) Nadie sabe quien la puso allí pero fué al poco tiempo de asesinar a tanta gente.
-¡Chorradas de verano Darko!
- Por favor nunca os acerqueis con luna llena, cuentan que ocurren cosas horribles...

Continuamos cenando entre risas y bromas de fantasmas, apariciones, etc.
Tras terminar la cena salimos a patrullar de nuevo, a mi me tocó con un chaval de Extremadura que era muy excéptico con estas cosas, hacia un frio de narices,una noche nublada y oscura, todo estaba lleno de nieve pero no quedaba más remedio que seguir adelante hasta el proximo descanso.
Al llegar a la zona donde estaban los vehículos estacionados, oimos un ruido que provenía del exterior, era una especie de aullido de dolor muy bajito. La verdad el acojone era total, alumbramos con la linterna y pudimos distinguir un perro tumbado en la nieve que parecia estaba herido. Intentamos notificar al jefe de guardia que ibamos a salir fuera a ver que pasaba, pero la radio incomprensiblemente se había quedado sin bateria. Bajo nuestra cuenta y riesgo salimos fuera para ayudar al animal, nos acercamos con mucho cuidado, estaba muy mal herido, sangraba abundantemente por el cuello. Mi compañero se agachó para acariciarle e intentar calmarlo un poco, y asi fue, de repente el animal se calló y empezo a mirar hacia detrás de nosotros, nos volvimos y...

- ¡¡ Joder niña que cojones haces aquí, casi nos matas del susto !!
Habia una niña de unos 6 ó 7 años, arapienta, justo detrás de nosotros.
-Sólo he venido a por mi perro, llevo mucho tiempo buscandolo..(nos dijo)
- Pero es muy tarde para que estes aqui sola y con la noche que hace.
-Estoy acostumbrada a vagar en la oscuridad.
- ¡ Venga ahora mismo cogemos el perro y nos vamos todos para adentro de la base para que lo curen y a ti te den ropa de abrigo!
-¿De que base hablas soldado?
-De esta de aqui atra...
De pronto una niebla terrorifica se habia echado encima de nosotros, la base no se veia, el pánico empezaba a apoderarse de nosotros de manera inevitable, montamos las armas sin saber que hacer y sin poder articular palabra.
-Ya os avisaron que no vinieseis a el arbol de la muerte con luna llena..
-¿ Que arbol? Aqui no hay ningun arbol..
-Está justo detrás de vosotros.
Miramos hacia atrás y...allí estaba el arbol con forma de V y la losa con la inscripción.
La niebla empieza a desaparecer como por arte de magia, la nieve se tiñe de color rojo, el olor a muerte se hace insoportable, una especie de fuegos fatuos empiezan a salir del suelo...
Aterrorizados nos giramos para pedirle alguna explicación a la niña y... ¡¡Horror!! Su rostro se ha transformado en una especie de macabra carne putrefacta...
- Ya os lo dije no deberiais estar aqui con luna llena.
Miramos hacia arriba... y efectivamente entre las nubes podiamos dintinguir una luna llena pletórica y rojiza sobre nosotros.
Presos de un terror indescriptible echamos a correr sin saber bien a donde, la base había desaparecido delante de nuestras narices, la nieve se convertia en una especie de sangre pegajosa.

¡¡ Corre tio corre esto no puede ser real, no puede estar sucediendo!! Le gritaba a mi compañero, mientras mi corazón parecia que quería salir del cuerpo.
Corriamos con la mirada perdida, sin saber hacia a donde nos dirigiamos entre la oscuridad de la noche.
Esto era el mismisimo infierno, algo fuera del alcance de cualquier mente humana. sangre y más sangre, extrañas figuras fantasmales sin rostro que parecian salir del suelo, gritos de lamento, llantos de niños...

Tras correr unos metros ambos caimos en una especie de zanja...estaba toda llena de cadaveres, debia ser una fosa común. Nos arrastrabamos por encima de ellos...niños, mujeres, el olor era insoportable, sus trozos de carne de pegaban en nuestro cuerpo...¡¡ Dios mio ayudanos !!

Cuando estabamos apunto de llegar al borde de la fosa oimos una voz que nos decía:
- ¡¡¡ Sereis como Dios, sereis como Dios, sereis como Dios !!!
Era esa niña de nuevo con su perro en brazos.
Yo entre gritos de desesperación le pregunté:
-¿ Porqué nos dices eso, porqué?
Y ella mirandonos fijamente nos contestó...

-¡¡Por que sois como Dios soldados, consentis la muerte para despues venir a imponer justicia !!
-Aqui nos mataban las noches de luna llena, a los niños los colgaban de ese arbol y practicaban el tiro al blanco ellos aun vivos, a las mujeres las forzaban delante de sus familias mientras les hundian los machetes en el estomago, a mi me violaron mientras degollaban a mi perro y me derramaban su sangre en la cara...y ahora venis a ayudar... es demasiado tarde soldados...pero vivireis para poder contarlo.

Es lo último que recuerdo...nos encontraron a las pocas horas en estado de shock, con las manos agarrotadas apretando el arma, con una expresión de pánico en la cara como si hubiesemos vuelto del mismisimo infierno.

Volvimos a España, mi compañero falleció a los pocos meses en un hospital psiquiatrico, no pudo aguantar la experiencia que habia vivido.
Dicen que murió una noche de luna llena, con la misma expresiónde terror en la cara que el dia en que nos recogieron.

Yo, aún no he podido dormir desde ese día, cada vez que cierro los ojos vuelvo a ver todo lo sucedido. Mi perro las noches de luna llena se queda fijamente mirando a un rincón de la habitación y un tremendo olor a muerte impregna toda la casa...pero eso, eso ya es otra historia.

Espero os haya gustado. Va por ti Kleos
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ungol el Jue Ago 14, 2008 10:48 am
Tengo poco tiempo. Muy poco tiempo. De hecho, mientras escribo estas burdas líneas lo oigo respirar, cerca de mí. Ha bloqueado la puerta de acceso y no podemos salir. Bueno, en realidad sería más correcto utilizar el singular: no puedo salir, porque soy el único que queda vivo. Todos mis compañeros han muerto, uno tras otro. Lo sé porque fui contando los alaridos de dolor, pánico e incomprensión mientras nuestro carcelero les iba arrancando, lentamente, la piel de su cuerpo.

Todo comenzó ese maldito día en el que un grupo de arqueólogos, emocionados con el descubrimiento de la cueva de la Plaza de España y los pasadizos que de ella partían, decidimos hacer un estudio riguroso y serio de lo que allí había. Recuerdo aún los prolegómenos, el olor de los jalones recién comprados, todo el material nuevo y limpio: las cintas, las botas, el papel milimetrado, los carretes de la cámara... Todo dispuesto y en orden. Patrimonio nos había dado el O.K., y pretendíamos hacer un buen estudio, serio, riguroso, que dejara patente que éramos un grupo de profesionales de la arqueología. Sin embargo, si hubiésemos sabido lo que nos esperaba ahí abajo no creo que ninguno se hubiera atrevido a bajar los 35 escalones que llevaban al pasadizo sur.
La cueva, os la podéis imaginar, era una pasada: circular, enorme, rotunda, excavada en caliza dura, en esa piedra valdepeñera tan particular y bonita. De esa cueva salían varios pasadizos, algunos de los cuales se habían usado, en la antigüedad, como improvisadas bodegas. Sin embargo, en la pared sur había un pequeño pasillo, estrecho, mohoso, de esos que las películas nos muestran con telarañas. Casi toda la entrada estaba taponada con piedra cuarcita; nosotros suponíamos que para no entrar, aunque ahora he comprendido, amargamente, que lo que evitaba ese muro no era la entrada, sino la salida.

Naturalmente, tiramos abajo las piedras (que conformaban un muro de, al menos, un metro de espesor) y entramos en el pasadizo. ¿Qué hubierais hecho vosotros en nuestro caso? El descubrimiento arqueológico del siglo en Valdepeñas nos pedía que documentásemos hasta el último centímetro de las cuevas. Y fue entonces cuando comenzó nuestra pesadilla. Al principio todo iba de maravilla: Unos escalones bajaban desde el comienzo del pasillo hasta otro estrecho pasadizo, el cual se internaba hacia el sur y luego doblaba bruscamente, haciendo varios recodos que nos llevaban, siempre, hacia abajo. Hacia donde reinaba la oscuridad y el olor a muerte.

Admirados de la gran obra de ingeniería que eran esos túneles, no vimos las tumbas hasta que fue demasiado tarde. Uno de nosotros cayó en una de las sepulturas, levantando gran polvareda y armando un enorme jaleo. En ese momento oímos un grito. Bueno, en realidad lo atribuimos al jaleo que se había montado con los huesos y el polvo, pero ahora sé que era un grito. Un grito de odio, un grito de advertencia. Un grito que nos avisaba de que no debíamos estar ahí.

Luego, todo comenzó a ir mal. El suelo era impracticable, debido a la cantidad de sepulturas abiertas que había. Las linternas y lámparas comenzaron a fallar, a pesar de haber comprobado, una y otra vez, que estaban en perfecto estado. Y entonces fue cuando empezamos a verlos. Figuras enlutadas, como vapores o brumas oscuras, paseándose delante de nosotros. Lo peor, sin embargo, era cuando nos miraban: ojos acusadores que nos pedían el abandono inmediato de la cueva. Algunas figuras se quitaban las capuchas y dejaban ver sus lacios cabellos, muy escasos, que caían sobre unos huesudos hombros. Creo que lo mejor que pasó entonces fue que la luz se agotara del todo, porque al menos dejamos de ver a estos fantasmales personajes.

Oscuridad. Letal, absoluta, casi sólida. Un negro sudario para nuestra sentencia. Porque en ese momento sabíamos que íbamos a morir. En ese ambiente sofocante, claustrofóbico, todos comprendimos que nunca más veríamos la luz del sol. Porque, además, comenzamos a oír las risas y el entrechocar de las cadenas. Y luego, el silencio absoluto, roto solamente por el sonido de dos pies descalzos. Tum, tum. Dos pies que se dirigían, ciegos como estaban, hacia nosotros. Tum, tum. Dos pies que querían probar nuestra carne. Tum, tum.

El primero que cayó fue mi mejor amigo. Estaba a mi lado cuando un grito de su garganta me advirtió que alguien estaba devorándolo. El olor a sangre, a heces, a miedo, se confundía con otro olor peculiar, el olor de él, un olor terroso, húmedo, como de acero recién mojado. Un olor que nunca olvidaré (aunque irónicamente me quedan pocos segundos de recuerdos).

Lo sigo oyendo venir hacia mí. Estoy dentro de una hornacina, pero sé que me va a encontrar. Al fin y al cabo él lleva una eternidad dentro de los pasillos y yo tan sólo tres o cuatro días. No me preocupa el que yo pueda morir; lo que me tiene más inquieto es qué hará esta criatura cuando se quede sin alimento. Sobre todo porque ahora no tiene ninguna barrera que le impida salir a la luz, que le impida recorrer las calles de Valdepeñas. Además, sé que lo hará porque no paran de susurrármelo al oído las enlutadas figuras, riéndose a carcajada limpia...
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Monclio
Quizá penseis que mi historia no debiese de contarse aquí, para mi, sí.

Llevo multitud de años presidiendo la mejor vista de la Mancha. Cuando me crearon a golpe de martillo, forja y bronce, recuerdo que Juan ,mi creador, me decia que estaría orgulloso del sitio donde me colocarían. Me decía que sería el estandarte de un "pueblo valiente como pocos" al que nunca le ha importado derramar la sangre de sus hijos para defender a España y su Libertad.
Esas palabras llegaron casi a fundir mi corazón de bronce y me sirvieron de animo para empezar el viaje hacia mi nueva casa. Poco a poco y mientras me colocaban los trozos de mi cuerpo, mi corazón latía mas fuerte esperando que el momento en que me colocasen la cabeza, para poder ver mi nueva casa. No me habian engañado era maravillosa.

Llegó en momento... estaba nerviosísimo, queria verles y que ellos me viesen a mi...al ver que todo eran alabanzas hacia mi, reconozco que una lágrima de bronce fundido recorrió mi mejilla.

¡¡Saque pecho y me jure que este pueblo siempre estaría orgulloso de mi, que les guardaria de desgracias y sería su estandarte para el resto de su Historia!!

Yo disfrutaba viendo como los niños se sentaban en mis pies a jugar, viendo como desde la carretera la gente me señalaba y me sacaba fotografias, los fines de semana la gente subía en familia a verme, que orgulloso me sentía y que querido.

He sido guardian para parejas, testigo mudo de sus declaraciones de amor, testigo emocionado de la maduración del fruto de esta tierra, del sudor y el trabajo de sus gentes para recojerla y del llanto y la desesperación de la cosecha perdida por el desalmado hielo o la nube traicionera.

Una noche mientras mi pueblo dormía, unos malnacidos que confundieron el arte con la politica, me arrancaron gran parte de mi cuerpo a base de dinamita y fuego. Creo que todo el pueblo oyó mi grito de dolor. ¿Porqué me hacían esto a mi? Yo no entiendo de politica ni de ideologias, sólo se que aquel dia cambiaron mi vida.

Pasaba el tiempo y nadie reparaba mi cuerpo dolorido, he sido ultrajado, insultado, pintarrajeado, testigo de peleas, drogas, saqueado...
¿ Que le hecho yo a mi pueblo para que me haga esto?

Ahora, a lo lejos distingo nuevas figuras instaladas, intentan que sean estandarte del pueblo y que dejen constancia de que por aquí pasó un emperadorcillo de tres al cuarto con aspiraciones de llegar a lo más alto, a base de protagonismo personal y lujuria, sin ni siquiera atreverse a mirarme cada vez que pasa por la carretera.

Esta es mi situación, una verdadera pesadilla de desesperación para mi. ¿Que haran conmigo?

Pero mientras me quede un solo trozo de mi cuerpo, seguiré sacando pecho por mi pueblo y apretando la empuñadura de mi espada para defender a esta ciudad valiente y heroica que tanto me ha dado y tanto me ha quitado.

Vosotros me habeis olvidado, pero yo a vosotros no.

El Angel de la PAZ y de Valdepeñas


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Re: Historias para no dormir

Notapor Kleos » Jue Jun 10, 2010 8:38 pm

Lucky el Dom Ago 17, 2008 6:23 pm
Amigo Angel de la Victoria:

Te escribo ésto a pesar de que me consta que tienes los mismos sentimientos que el que ordeno que te pusieran aquí. Y seguramente el corazón más blando.

No dudo de que fueras una escultura bella, mucho menos de que te colocaran en un lugar privilegiado, de que estuvieras impaciente por que te vieran y por ver tu a los valdepeñeros. Siento que te encuentres en la desesperación y en el abandono. Pero alguien te engaño. Quizas sea duro par ti y para tu creador, allá donde esté, leer lo que te voy a decir:

Tu nunca representaste al pueblo de valdepeñas y éste pueblo nunca quiso una representación de la "victoría" que tu nos recuerdas. Incluyo a los que no pudieron presenciar tu inuguración porque yacian bajo tierra en alguna cuneta asesinados por el que le pagó a tu creador y a los que tuvieron que separarse de sus familias valdepeñeras a otras tierras lejanas durante 40 años de represión.

Más duro resulta decirte que tu mejor final sería la eutanasia y posterior donación de "organos" para su fundición y darles forma de monumento que no avergüence a ningún pueblo por lo que pudiera representar.

Quiero que te quede constancia de que creo que las bombas, se pongan donde se pongan, siempre hacen llorar. Pero la que te pusieron a ti no hizo llorar a éste pueblo.
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Ciudadano de Valdepeñas el Mié Ago 20, 2008 2:15 am
Según comenté en otro hilo hace tiempo, el Angel de Valdepeñas no era el Angel de la Victoria, sino el Angel de la Paz.
El de la Victoria es el que hay en Toledo delante del Alcázar, con la espada en lo alto en señal de victoria. El de aquí tenía las manos descansando sobre la espada como símbolo de paz. Por lo tanto no representaba la victoria de "unos" sobre los "otros" sino que fue erigido por la Diputación Provincial para conmemorar los 25 años de paz.
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Bocaseca el Lun Sep 01, 2008 6:49 pm
Valdepeñas, una noche fría de enero.

Dos campanadas replican indicando que ese mismo número de horas lleva ya el nuevo día. El silencio era tan sepulcral que se oía con toda nitidez el ruido del muelle que suelta el mecanismo de las campanas.

De repente dos sombras se reflejan en la puerta del ayuntamiento, y el protagonista de nuestra historia contrae sus esfínteres más inferiores no con demasiado éxito.

Gira bruscamente sobre sí mismo buscando el autor o autores de esas sombras, pero no ve nada. Camina rápidamete al parking de El Arcangel para sacar su porsche y dirigirse a su mansión pagada con el honrado sueldo que gana como tratante. Una vez allí se meterá en la cama deseando que llegue el verano para navegar en su velero atracado en Aguadulce.

No imagina el momento de llegar a casa y meterse en su cama de viscolástico; quitarse el sueter de Prada como cada noche y, como cada noche, soñar con amante y su olor; ese perfume que él le regaló por su cumpleaños.

Pero un galope de pasos, como infantes a la carrera se oye al bajar la escalera. Nuestro protagonista se queda petrificado. No hay nadie a su alrededor. Está sólo en el aparcamiento. No atina a adivinar dónde aparcó su coche importado de Alemania y pagado con el nunca demostrable soborno que recibió por parte de un concejal por la recalificación de unos terrenos en El Peral.

Nuestro protagonista no se lo puede creer. Echarán garrafón en el bar que 2 de mis secuaces y yo regentamos?

El efecto de las drogas por vía inhalatoria hacía su efecto, y nuestro protagonista se encontraba cada vez peor.

Por suerte su "fiera" como él la llamaba lo estaba esperando agazapada, tan negra como los oscuros negocios que su dueño se traia entre manos. Y por fin pulsó el botón que iluminó con dos fogonazos naranjas todo el aparcameniento. Se metió en el coche y arrancó a toda la velocidad que la propulsión trasera le permitió.

Un bramido rompió el silencio bajando por la calle de la Virgen, cuando se dio cuenta de que llevaba una nota en el cristal delantero. Se detuvo para leerla bajo la luz de unos pisos de lujo que hacían esquina en el bulevar J.Martans (antes conocido como 1º de julio). Y en ese momento se oyó un disparo.

Se metió de nuevo en el coche, se perdió por las innumerables glorietas y la nota voló en el cielo de la Casa Grande de Europa.

No pudo leer el contenido de la nota que decía... no te detengas, te estan siguiendo.

Pero ¿quién le disparó? ¿por qué le avisaron?

El porsche de nuestro protagonista llegaba a casa diez minutos más tarde del susto por el disparo. Esa noche, como tantas, sólo le esperaban sus perros. Tras abrir la puerta de la cochera y dejarlo aparcado entre los caros coches de lujo (fruto del blanqueamiento del dinero B que ganaba del dinero de las furcias que trabajaban en su club)subió las escaleras con el pantalón empapado en orin.

Esa noche no se quitó el sueter, sino que se tiró directamente en la cama deseando que tardara mucho en salir el sol, quedándose con esa sonrisa bobalicona de subnormal de la que hace gala en los debates de la televisión local.

A la mañana siguiente sonó el teléfono: - Donty (a nuestro protagonista sus más allegados le llamaban así), Donty, soy Uraño, han matado al alcalde en la sauna!

- Eh..en Madrid?

- Sí, ha sido violado por los hermanos Anipke y la técnica del 3 en 1. Han acabado con su vida, los muy hijosde...Ven a casa, tienes que llevarte la carpeta de la ampliación del campo de golf.

Pero al salir a la calle...los perros estaban muertos y los coches tenían las ruedas pinchadas. Una nota en el cristal rezaba: "Donty, llámame, no tengo saldo". Dios! cómo le jodía eso a Donty; que le dejaran notas y que le hicieran perdidas!!
Pero...quien seria? Si habían matado al alcalde en la sauna...él podía ser el siguiente. Fue a ver a Uraño.

Cogió su abrigo largo y sacó del bolsillo los botes de vaselina que llevaba para ocasiones especiales...llenos de sangre!! No recordó haberlos usado desde que se vio con el consejero en la reunión para construcción de el puerto deportivo "Cabezuela's", y ésa vez no hubo sangre...

Donty se estaba volviendo loco. Por las escaleras bajaron dos cuerpos musculados en el gimnasio de la prisión de máxima inseguridad cercana. Eran los hermanos Anipke.

Ahora le encajó todo. Uraño había muerto hace dos años en la pista para aeromodelismo cuando la aeronave que pilotaba se estrelló en extrañas circustancias. Y los hermanos Anipke no llevaban huchas para el domund así que supo que venían a por él.

El periódico de tirada local "Canfilas" hizo una edición especial con la muerte del alcalde en la sauna homosexual y la desaparición de Donty.


Espero que os haya gustado
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ungol el Lun Sep 01, 2008 7:07 pm
Hola a todos/as:
Primeramente, excusarme ante vosotros, porque he estado quince días de vacaciones totales (y cuando digo totales lo digo con todas las letras; ni el ordenador he encendido (bueno, también es verdad que las asignaturas de antropología no me dejan mucho tiempo, ejem)). También quiero agradeceros vuestras palabras, totalmente inmerecidas. Creo además que Monclio y yo nos compenetramos a la perfección, por lo que todo es mucho mejor así.
Ya he recibido la petición de KleoS, por lo que me pondré manos a la obra, a ver qué saco para esta semana. Para ir calentando motores, sin embargo, quiero comentaros una cosa que me ha pasado en estos días que, la verdad, me ha acongojado. Os cuento.
Ya sabéis, y si no lo sabéis os lo digo, que cuando uno tiene hijos todo lo que les pasa también te afecta a ti. Te afectan sus miedos, su llanto, sus alegrías y tristezas. Te afecta la primera vez que se enamora, el primer diente que se cae… No os digo nada cuando uno de tus retoños tiene un problema como el sonambulismo. El caso es curioso porque yo mismo lo sufrí también durante mi infancia. El inconveniente es que a mí me da demasiado miedo.
Dada mi condición de amante de las noches, suelo quedarme un rato leyendo, tranquilamente, en el sillón de orejeras de mi casa. El aire que entra por las ventanas, el sonido apagado de los coches que pasan, la luz de la luna, son cosas que me encantan y, a la vez, relajan. Por eso, todos los encuentros con mi hijo siempre se producen entre él y yo. Solos. Y siempre a la misma hora: la 1:30 de la madrugada.
Todo comienza con el sonido de la puerta de su habitación abriéndose. Y luego puedo oír el ruido de sus pasos acercándose, lentamente, al salón en el que estoy. Es un ruido característico el que hacen los pies descalzos de un niño sobre las baldosas. Un sonido que, en la quietud de la noche, es perturbador, os lo puedo asegurar. Luego, se produce la irrupción de mi niño: ojos abiertos, manos entrelazadas en su regazo, pelo alborotado. Siempre le pregunto lo mismo: - ¿Por qué te has levantado? Y él, con su vocecita temblorosa, también me contesta siempre lo mismo: - Porque él ha venido. Luego suelo abrazarlo fuerte, al objeto de que no se note mi nerviosismo, y lo llevo a su camita, donde lo acuesto de nuevo (y de donde se levanta al día siguiente tan feliz y jovial como siempre, sin recordar absolutamente nada).
Sin embargo, el otro día no fue así. Debo decir que estaba cómodamente sentado en mi sillón, paladeando un buen libro (creo recordar que se trataba de la gran obra de John Lynch Los Austrias) cuando oí la puerta de la habitación de mi hijo, como todas las noches. Sólo que esta vez eran casi las dos de la mañana. Algo en mi interior me hizo pensar en que esa noche las cosas no iban a ser como siempre. Al entrar mi chico en el salón vi que tenía los ojos cerrados, apretados con fuerza. Le pregunté por qué los llevaba así y él me respondió: - Porque Samael ha venido, pero no quiere irse. Mi valor, mi escaso valor, se me escapó entre los dedos como la arena fina de un reloj, sobre todo cuando observé que una de las manos de mi hijo sangraba. Le pregunté, angustiado, qué le había pasado y él me respondió: - Es que Samael me ha dado un beso.
Convencido de que tenía que poner fin a la situación, conduje de nuevo a mi muchacho a su cama, resuelto a hablar al día siguiente con mi mujer sobre el tema. Cuando íbamos a entrar en la habitación, mi hijo retiró suavemente mi mano del interruptor de la luz y me dijo que Samael quería hablarme. Y allí, en la oscuridad más absoluta, en la negrura adornada con ositos de peluche y cajas de regalo, lo vi. Un hermoso e hierático ángel se erguía en una de las esquinas de la habitación, con las alas desplegadas. Miraba con ternura a mi hijo, que me señaló. El rostro de Samael se dirigió a mí y me dedicó un duro gesto. Le pregunté, con el poco valor que pude reunir: -¿Por qué? Y sus palabras permanecen, aún hoy, grabadas a fuego en mi interior: - Tu hijo ha seguido el mismo camino que tú. Soy su guía, y lo seré durante su vida. El beso que le he dado permanecerá en su mano como recuerdo de este día, como recuerdo de mi protección. Aturdido, le contesté: - ¿Y por qué yo no tengo ninguna señal de mi ángel guía? – Porque el tuyo no deja marcas exteriores, sino interiores, en el corazón y en el alma. - ¿Y cómo se llamaba? – Hubo un tiempo en que fue el favorito de Dios, me contestó Samael. Se hacía llamar, en esa época, Lucifer.
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KleoS el Lun Sep 01, 2008 8:33 pm
Flipo con vosotros.... he estado buscando porque el nombre de Samael me resultaba familiar.

Samael (o Sammael) es un importante arcángel en el Talmud, acusador, seductor y destructor. Se le ha considerado como bondadoso y malvado. En la tradición judía se le ha identificado como el jefe de Satán y el Ángel de la Muerte. En los Secretos de Enoch (Enoch II) es el príncipe de los demonios y un mago. Fue el ángel guardián de Esaú y un patrón del Imperio Romano. Samael es usualmente considerado como el verdadero nombre de Satán. La etimología es una combinación de «sam» que significa veneno y «el» que significa Dios.

En la tradición judía, Sammael es el Ángel de la Muerte, el jefe del Quinto Cielo y uno de los siete regentes del mundo, servido por dos millones de ángeles; reside en el Séptimo Cielo.

En el Evangelio apócrifo de Juan, encontrado en la biblioteca Nag Hammadi, Samael es el tercer nombre del demonio demiurgo, sus otros nombres son Yaldabaot y Saklas. En este contexto, Samael significa «el dios ciego». Nació de un error de Sophia, quien deseaba crías sin el Espíritu. Su aparición es como una serpiente con rostro de león. En el libro Sobre el Origen del Mundo, que se encuentra en la misma biblioteca, también se le nombra Ariael.

Samael en la Cábala es el Qliphoth correspondiente a la sefirá Hod. Significa «el veneno de Dios», el mentiroso, y los demonios asociados a él son descritos como monstruos amarillos parecidos a perros y con cabeza de demonio.


Poco tranquilizador encontrarse con este ser.
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Monclio el Mié Sep 03, 2008 9:06 am
Esta noche ha vuelto a ocurrir, pensaba que todo había terminado pero no, todo ha vuelto ha suceder.

Ese maldito frio en la habitación, mi perro gimiendo de pánico debajo de la cama, sus respiraciones broncas y profundas...¿Cuanto tiempo llevo ya? Creo que no lo soportaré.

Las primeras veces pensaba que se trataba de pesadillas, hasta que un día vi como uno de ellos cogía una fotografía mia y la miraba sin parar pasandole la mano por encima. Al dia siguiente y pensando que era una pesadilla cogí la fotografia y...alli estaban sus huellas, no soy capaz de eliminarlas con nada, son de color negruzco y parece que hasta se ha comido el material. Hace una semana tiré la foto a la basura y una noche despues de su visita, la foto volvía a estar de nuevo en su sitio. Estoy desesperado no se que hacer.

Creo que se trata de los "visitantes de alcoba", habia oido hablar de ellos en la radio, pero jamás pensaba que fuesen reales.

Siempre llegan sobre la misma hora entre las 2 y las 2.30 de la madrugada, empiezo a sentir el frio, oigo a mi perro arrastrarse bajo la cama, mi corazón se acelera hasta pensar que me va a reventar, encojo las piernas pensando que me las van a tocar, el sudor frio inunda mi cama y me arropo la cabeza rezando para que pase cuanto antes.

Esta noche he sido capaz de mirarles de reojo, allí estan los tres, al pie de mi cama, dos altos y corpulentos y otro bajito como si de un niño se tratase. Llevan túnicas oscuras y no distingo ninguna parte de su cuerpo, solo una especie de halo luminoso que sale del interior de las túnicas.

Quisiera decirles algo, pedirles alguna explicación, pero el pánico me sella la boca, no se, quizá alguna promesa sin cumplir o alguna deuda pendiente con algún fallecido o tal vez extraterrestres que vienen a observarnos.

Luego, después de un rato, desaparecen atravesando las paredes de las habitación como si se dirigieran a otra alcoba a observar. Había pensado en comentarselo a mis vecinos, pero...pensarían que estoy loco.

Tened cuidado con ellos seguro que os visitarán a vosotros también y ojalá no os entereis de que estan alli obsevando vuestra cama y vuestro cuerpo. ¿Acaso no has sentido nunca escalofrios en mitad de la noche mientras duermes? Son ellos, seguro, pero reza a Dios para que no te despiertes por que si los ves quizá no puedas volver a dormir en paz.
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Re: Historias para no dormir

Notapor Kleos » Jue Jun 10, 2010 8:41 pm

ungol el Mié Sep 10, 2008 10:54 am
Bueno, pues aquí está la historia que me propuso KleoS. Espero que esté a la altura (perdón por la tardanza, pero ya veis que me ha salido algo “extensa”; ojalá no os aburra :roll: …). Además, y haciendo caso a La Galana, no le he querido incluir demasiado terror (así mato dos pájaros de un tiro). Por cierto, es una interpretación completamente libre de lo que pudo ocurrir en nuestro querido Cerro de las Cabezas. No es rigurosa históricamente ni nada por el estilo, ¿de acuerdo? Pues nada, un saludo.

La mañana era fresca, impropia del mes de septiembre. Sakarisker bajó la suave pendiente de la puerta norte y descendió hacia el río, que bajaba crecido a causa de las últimas lluvias tormentosas del verano. A su lado, brincando y correteando, como siempre, iba su fiel perro. En una mano portaba el joven los dos palos de madera de encina que utilizaba para pescar, mientras que en la otra llevaba la cesta de juncos que le había hecho su padre, al objeto de poder transportar la pesca del día.
Al llegar al río comprendió que la jornada iba a ser larga. Las aguas, turbias después de las lluvias, no permitían ver a los peces, por lo que la pesca con arpón había que descartarla. Tendría que utilizar las pesadas redes que permanecían en la orilla, primorosamente recogidas. Justo en el momento en que tiraba de ellas pudo ver, al fondo del camino (allí donde moraban los dioses, hacia el Sur), una gran polvareda. De hecho, otras personas antes que él ya se habían percatado, puesto que las torres de vigilancia de oriente y poniente humeaban a causa de las hogueras encendidas, las cuales indicaban que un enemigo se acercaba. Justo cuando decidió que hoy no iba a ser un buen día para pescar, sonó el cuerno de advertencia: tenía poco tiempo si quería volver a entrar en la ciudad antes de que los pesados batientes cerrasen, a cal y canto, las puertas.

- ¿Dónde está el signifer?
- Permanece atento a tus órdenes, oh Publio.
- Que pase a la primera línea. La insignia de Roma tiene que ser lo primero que vean esos bárbaros.
- Gran Publio, me atrevería a realizar una pregunta, si su grandeza tiene la bondad de contestármela.
- Dime, Cayo.
- ¿Qué vamos a hacer con el avance de las tropas cartaginesas?
- Querido Cayo, eso es algo que ni yo mismo sé.

Rabia. Miedo y rabia es lo que nos sacude. Miedo porque esos oretanos mataron a Amílcar. Rabia porque nos mueve el deseo de venganza. Todos los soldados están ya dispuestos, tensos sus músculos, el rostro hosco, el ceño fruncido. Saben que van a la guerra a morir por Cartago, pero no les importa. Saben que, posiblemente, tengan que luchar con los malditos romanos, que preparan la invasión del norte africano. Pero les da igual. Sólo tienen en mente acabar con los que acabaron con su gran jefe, su amado jefe, su llorado jefe. Matar a los que mataron. Asesinar, aplastar, vejar. Eso es en lo que piensan: no dejar a nadie vivo. Y, en el caso de hacer prisioneros, éstos serán caricaturas de humanos, desquiciados ante todo lo que van a contemplar sus ojos. Va a haber muerte y los oretanos tienen asientos de primera fila, como en los anfiteatros de los remilgados romanos. No hace falta decir, obviamente, quienes van a interpretar la serenata, ¿verdad?

El ajetreo en la población era considerable. La gente, asomada a la calle, apartaba con el pie los pequeños montones de desperdicios, mientras los niños pequeños, ignorantes de la señal de alarma, jugaban en los patios con las fichas de cerámica. El cuerno seguía su ronco llamado, alertando a todos los pobladores sobre la inminente llegada del enemigo. De repente, las puertas del poblado celeste se abrieron, dando paso al jefe Orisón. Ataviado con un casco dorado que tenía penachos de crin de caballo en la cimera, descendió los escalones hasta la calle principal con toda la panoplia íbera. Su gesto era altivo, tranquilo. Al fin y al cabo era un guerrero, el primero de todos ellos. Y si alguien tenía que defender a los orisanos, ese era él. Quizá por eso dirigió su arenga al pueblo de manera pausada y seguro de sí mismo:
-Ciudadanos, hoy ha sonado el día de la gloria guerrera que todo íbero pretende. Hoy, combatiremos contra el enemigo, el que viene montado en los monstruos grises de dos colas y grandes colmillos, el que aúlla y grita cuando mata para devorar el alma de sus víctimas. Hoy, saldremos a la vega del río a defender nuestras murallas, nuestros hijos, nuestros animales, nuestras mujeres. Hoy, nuestras arcanas madres oscuras realizarán hechizos y conjuros para que nos den suerte. Y, si todo empieza a ir mal, ya sabéis que los tenemos a ellos…
El griterío siguiente hizo entender al jefe guerrero que el mensaje había calado hondo. Eran unos fenomenales guerreros, pero si fallaban siempre estaban ellos, dispuestos a derrotar a todo el que se pusiera por delante. Ellos, los condenados…


- Pero Publio, tendremos que pensar en alguna manera de enfrentarnos a Asdrúbal.
- Créeme Cayo, no son los cartagineses lo que me preocupan. Lo que me tiene inquieto es la incómoda sensación de que esos palurdos oretanos tienen un as en la manga.
- Espero, oh Publio, que no estés pensando en esa leyenda que corre por ahí y que habla de los malditos…
- Cayo, cuando uno lleva algún tiempo en esta tierra, aprende a hacer caso a todas y cada una de las habladurías que corren sobre los pueblos del lugar. Incluso a las más absurdas.
- Pero Publio, no me negarás que lo de los malditos…
- Cayo, voy a hacerte un regalo.
- Gracias Publio. No esperaba menos de tu infinita y famosa dadivosidad.
- Cayo, para que compruebes la veracidad de esa leyenda, voy a permitirte que acompañes al signifer al frente de las tropas. Y fíjate bien cuando salgan los malditos. Te lo digo porque, si sobrevives, me tendrás que contar si la leyenda es cierta o no.

Sakarisker estaba inquieto. Nada menos que ellos, los que no tenían nombre, los abogados de las fuerzas oscuras, los hijos de la noche. La victoria era segura contra esos increíbles enemigos que Orisón había descrito. Sin embargo, su impaciencia juvenil pudo más que su prudencia y, por enésima vez, le preguntó a su padre la misma cuestión que ya le había planteado con anterioridad otras veces.
- Padre, ¿por qué ellos están malditos?
- Hijo, contestó su padre, ya te he dicho en multitud de ocasiones que lo que les ocurrió sólo ellos lo saben.
- Pero…
- Pero nada, Sakarisker. Si aún no has terminado tus tareas de la mañana no comerás. Así que date prisa. Y límpiame los correajes y la falcata, que creo me van a hacer falta.
El joven, compungido, se marchó hacia la casa, donde todavía tenía que terminar de decorar algunas vasijas de cerámica. El padre, parado en la calle, miró hacia la zona donde vivían ellos, los hijos de la noche. Todo estaba, a esa hora de la mañana, totalmente quieto, pero un halo de oscuridad flotaba en el ambiente. De hecho, las calles de acceso al barrio estaban cerradas y ningún habitante podía pasar por ellas (aunque, sinceramente, nadie en su sano juicio lo hubiera deseado).

Marchamos hacia el poblado, arrasando todo a nuestro paso. Los elefantes están nerviosos, pero sus jinetes los guían seguros, con brazo experto. El ejército ocupa el ancho camino, avanzando con seguridad, imprimiendo miedo y pavor en el aire de la mañana. El sol arranca destellos de las armaduras y los cánticos de nuestra madre tierra, Cartago, retumban en el ambiente justo cuando llegamos a las puertas del inmundo villorrio. Éstas permanecen cerradas, pero podemos ver a los guerreros al fondo, en el valle del río. Y atacamos. Atacamos sin piedad, con rabia, olvidando que, si los vencemos, todavía tenemos a los romanos al otro lado, esperando como buitres repartirse las migajas. Nuestra bien engrasada máquina de matar responde a la perfección. Había una consigna clara: sin prisioneros. Los cautivos son bocas que alimentar. Y desde luego estábamos cumpliendo a la perfección la tarea. Éramos soldados y matar se nos daba muy bien.

Cuando Orisón comprendió que todo estaba perdido, abrió la puerta para dar salida a ellos, a los malditos. Un halo frío recorrió el poblado. El olor fétido, nauseabundo, que desprendía la piel de los hijos de la noche se confundía con el del poblado: olores a tierra, cerámica, cal, piedra calentada por el sol… Allí estaban, delante del jefe: sucios pero terribles, llenos de mugre y de rabia. Sus ojos eran totalmente negros, pozos sin fondo en los que la locura se confundía con el deber, el deber con la muerte, la muerte con la sabiduría. Había de todo: niños, mujeres, ancianos… Algunos de ellos tenían todavía restos del desayuno en las comisuras, rojas de sangre. El último envío de prisioneros había sido, al parecer, del gusto de los malditos. Todos ellos permanecían quietos ante Orisón, en la entrada de su zona, atentos a la señal. La batalla estaba ya perdida de antemano, pero todavía había que intentar la última acometida, el último esfuerzo. Y, cuando el jefe bajó el brazo, salieron corriendo como una exhalación, dando y dándose miedo. Irracionales, locos, cayeron sobre los cartagineses como una jauría de lobos, hambrientos de su sangre, sin atender las heridas producidas por las armas, ni los ríos de sangre que brotaban de sus gargantas. Matar. Eso fue lo que ocurrió aquel aciago día, y a eso se dedicaron unos y otros, pataleando los cadáveres de sus compañeros y amigos sin el más mínimo respeto. La furia, la rabia de los malditos asoló, como una marea imparable, a los desprevenidos guerreros cartagineses, que tuvieron que batirse en retirada, vencidos por la irracionalidad. El sol, casi teñido de sangre, parecía anunciar que los oretanos sobrevivirían a la jornada, pero una humareda negra, que salía del poblado, indicaba lo contrario.

- Romanos, por el senado y el pueblo, por la República de Roma, por Rómulo y la loba capitolina. Somos los hijos de Júpiter y vamos a demostrar que nadie puede vencernos.
El griterío que siguió a estas palabras confirmaba a Publio que sus arengas habían calado hondo. Los cartagineses habían hecho el trabajo sucio, y tan sólo quedaba quitarse de en medio a los peligrosos malditos. Para ello, lo mejor era incendiar el poblado. De hecho, mientras Publio arengaba a sus tropas, el fuego lamía insistentemente las casas de adobe y paja de los orisanos. Las mujeres, muchas de ellas hechas prisioneras, lloraban a lágrima viva. Los niños también engrosaban las filas de prisioneros, al objeto de servir de esclavos en los campos de trigo y en los olivares de la Bética. Además, el sitio era bueno para asentar una avanzadilla de Roma en este territorio inhóspito.
- Romanos, hoy estoy contento de vuestra entrega. Ataquemos a los bárbaros y seamos, una vez más, el terror en la tierra.

Y atacaron, desde luego. La eficacia romana destruyó, pacientemente, a los malditos, uno a uno. No sin bajas, desde luego. Pero, al final, se hicieron con la victoria. Por cierto, Cayo contempló la leyenda en primera fila. Y, efectivamente, no pudo contar mucho. Imagínense por qué.

Cuando los romanos iban a tomar la ciudad, una vieja arrugada salió a su encuentro. Sacó un cuchillo ceremonial y, lentamente, se abrió las muñecas, pronunciando unas palabras ininteligibles y mirando, atentamente, a Publio, con una terrible sonrisa en su boca. Al caer la roja sangre en la tierra, se elevó un humo blanquecino, que comenzó a envolver a los guerreros romanos. Algunos inhalaron la niebla, comenzando a tener convulsiones, a babear. Publio comprendió que no podrían reutilizar la ciudadela, porque aquella bruja la había maldecido. Pues muy bien, que se quedaran los espíritus con ella. A su orden y tras asesinar a los que habían sido tan torpes de tragarse la humeante maldición, todos los soldados romanos bajaron hacia el valle y siguieron su camino hacia el sur, libres ahora de oretanos y en persecución, calmada persecución, de los cartagineses, que habían huido a su cuartel sureño. El agua del caudaloso río susurraba quedamente, como no queriendo saber lo que allí había acontecido. De hecho, casi todas las huellas de la refriega habían sido borradas. Tan sólo un cadáver flotaba en el agua, atrapado en los juncos de la orilla. Un famélico perro le ladraba, como compungido.
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Monclio el Vie Sep 12, 2008 8:55 am
Aqui estoy de nuevo...escribiendo otra maldita historia.
¿Porqué empezé con esto?.

Mis manos estan tan temblorosas que casi no puedo ni escribir, el sudor frio de mis manos hace que se me escurran las teclas.
Quizá se haya convertido en una obsesión, quizá sea producto de mi imaginación, no se...

Perdonad pero... es que está justo detras de mi... me mira con su mirada penetrante y terrorifica. Veo su cara reflejada en la pantalla de mi ordenador, giro la cabeza y ya no está.

Solo consigo verla en los reflejos de los cristales y espejos. Paso por el pasillo de casa, miro al espejo y ella viene detras de mi como si de mi sombra se tratase, me ducho y a traves de la mampara transparente puedo ver su silueta, abro la hoja de la mampara y no hay nada.

Estoy desesperado. ¿Porqué emepeze con esto? Ahora temo por todos los que leeis mis historias, temo que vosotros tambien la veais, mirad bien en la pantalla del pc mientras leeis esto, estamos condenados a verla.

¿No la veis? Mirad bien, esta a tu lado, contigo, se está reflejando en tu pantalla, es esa niña con la carita ensangrentada y esa mirada impasible y fria.

¿Porqué empezamos con todo esto? Queriamos historias, solo historias y ahora ya no podemos escapar de ella...se sentará en tu cama por la noche a mirarte. pero no, tú no podras verla, tendras que buscar su reflejo en algún espejo o en algún mueble de la habitación. Cuando te duches girate y verás su contorno tras la cortina o la mampara...es su venganza por querer sentir miedo a traves de historias inventadas...ella está aqui para hacernos sentir miedo de verdad, dia y noche, noche y dia.

Lo siento no puedo seguir escribiendo más...se está enfadando, su rostro se está transformando, noto como los muebles empiezan a temblar y mis manos se van agarrotando como si no quisiese que escriba más...pero ya da igual...ya está con todos nosotros y solamente se irá cuando ella crea que ya hemos satisfecho nuestra hambre de miedo, pero miedo de verdad.

Tened paciencia con ella y sobre todo cuando te mires al espejo o estes delante de tu pc, reza para que ya se haya ido de tu lado.
Por cierto, el primer dia que noté su presencia recibi un mensaje en el foro que decía.

" Esto serà miedo de verdad "

Rezad para no recibirlo.
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Monclio el Jue Sep 18, 2008 4:58 pm
Maria y Miguel eran un matrimonio normal, llevaban casados diez añosy no tenían hijos. Antonio era el padre de Maria, vivia con ellos, se habia quedado viudo hace un par de años, su esposa habia muerto de "la peste del siglo 21",el cancer. Era un buen hombre, María era su unica hija y siempre les habia ayudado en todo lo posible al matrimonio, sobre todo desde que Miguel perdió su empleo en la construcción.

Antonio llevaba unos dias que no se encontraba nada bien, acudio al medico y después de diversas pruebas le diagnosticaron una enfermedad coronaria en fase terminal.
El mundo se les cayó encima, ¡otra vez las putas enfermedades se ceban con esta casa! Exclamaba Miguel, pensando en que llevaban una racha en la que les habian tocado más penas que alegrias.

Antonio murió apenas un mes después...Maria se vino abajo, se pasaba todo el santo día llorando en casa,

Un par de meses después de la muerte de su padre, Maria empezó a sentirse mal, angustia, malestar etc. Tras acudir al medico de guardia y realizarle un chequeo le dieron la noticia.

- Señora, enhorabuena esta usted embarazada.
- ¿Perdon doctor como dice?
- Lo que oye señora, embarazadisima de seis semanas.

Maria y Miguel se abrazaron pensando que al fin les sonreia la vida, el hijo tan deseado por fin estaba de camino.

Asi pasaron los meses del embarazo, sin ningun problema hasta que el dia 1 de Noviembre nació Antoñito, un chavalote fuerte y espabilado, y que se llamaria como su abuelo.

Miguel recibió una carta de una empresa nueva del pueblo para empezar a trabajar... todo empezaba a funcionar, por fin.

- ¿Como coño sabe esta gente que estoy en el paro? Se lo habran dicho los del INEM. Bueno por intentarlo.

Antoñito era un comilón y un dormilon de cuidado, su madre estaba encantada con él, aunque habia veces que se quedaba envelesado con la mirada perdida por la habitación.

Miguel se encontraba un dia pasando las fotos del niño al ordenador, cuando descubrió una especie de masa transparente al lado del niño, llamó a María y despues de verla ambos pensaron que se trataría de algun tipo de suciedad en el objetivo de la camara. No le dieron la mayor importancia.

Antoñito seguia con sus risas al vacio de la habitación e incluso echaba los brazos como si alguien reclamara su atención. ¡Este chiquillo se está volviendo majareta! Decía Maria entre risas mientras lo obserbavan.

Una noche mientran dormian, Maria oyó una voz de niño perfectamente nitida y comprensible, se despertó de repente encendió la luz vio como la cunita se balanceaba, se levantó y..allí estaba Antoñito totalmente relajado y tranquilo echando los brazos al aire como de costumbre. María volvió a la cama tranquila, pensando que habia sido su imaginación.

La noche siguiente volvió a ocurrir lo mismo, la voz de un niño hablando perfectamente, María se volvió a despertar pensando que estaba soñando de nuevo, pero al girar la cabeza hacia la cuna de su hijo...vio asombrada la figura de su padre, una figura luminosa semitransparente que estaba agarrado a la cuna de Antoñito diciendole cosas mientras el niño flotaba unos tres palmos de la cuna mientras se reia y conversaba con su abuelo diciendole...

-¡Abuelito que pena que te marchaste antes de que yo viniese!
- Lo sé, Antoñito pero la vida es así, mejor dicho la muerte es así.

María, entre asombrada y aterrorizada se acercó lentamente a la cuna, su padre se giró y le dijo...

-¡Hola hija, no tengas miedo, llevo aqui mucho tiempo con vosotros y hoy es el último dia que os veré!
- ¡Pero papá!
- No no digas nada, tu no podrías comprenderlo, algún dia lo comprenderás, espero que sea dentro de mucho. Se me agota el tiempo y he venido a despedirme de Antoñito, y de ti tambien, por eso hoy me puedes ver hija mia.
- Me tengo que marchar hoy se me agota el tránsito hacia la verdadera muerte, aunque "ellos" lo llaman "La vida verdadera".
- ¡Adiós hija mía, adiós pequeñin, es mi hora de verdad hacia la nueva vida, me voy tranquilo, Miguel es un buen hombre, cuida de él.
- ¡Miralos ya vienen a por mí!

Maria se volviò y pudo ver multitud de formas transparentes luminosas en un lado de la habitación, mientras sentía una paz interior indescriptible.

-Por cierto María, ves aquella figura de la izquierda, es don Manuel,pobre, se quedó con las ganas de ver su nueva empresa del pueblo funcionando, hemos echo muy buena amistad y haremos el camino juntos, Adiós.

Maria cogió a su hijo, lo abrazó fuertemente, lo metió en la cama mientras Miguel dormía sin enterarse de nada mientras ella veia desvanecerse las figuras como si de humo se tratase.

Maria nunca le contó nada a Miguel de lo ocurrido, pero cada vez que le veia venir feliz de su trabajo le esbozaba una sonrisa de tranquilidad, la tranquilidad de que su padre aún desde "la vida de verdad" les había ayudado y les seguiría ayudando.

" La muerte es la verdadera vida"
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Re: Historias para no dormir

Notapor Kleos » Jue Jun 10, 2010 8:50 pm

ungol el Jue Sep 18, 2008 7:47 pm
Ahí estáis, pobres humanos. Os contemplo entre divertido y apenado. Os observo desde mi privilegiada atalaya y no me producís otra palabra que lástima. Creéis que lo tenéis todo, que conocéis los secretos de la vida, pero vuestra ignorancia es tan supina que me produce arcadas. ¿Especiales? ¿Únicos? ¿Privilegiados? Para mí no sois más que ganado, sobre todo teniendo en cuenta que soy un vampiro. ¿Sorprendidos? ¿Anonadados? ¿De dónde creéis que saco esas historias que os cuento?
Por cierto, ya podéis ir olvidando todas esas cosas preconcebidas sobre nosotros. ¿Ajo? ¿Crucifijos? No sirven para nada. Pero lo que más gracia me hace es eso de que nos alimentamos de sangre ¡mordiendo los cuellos! ¿Qué creéis que somos? Nuestra comida es vuestra alma. La vamos succionando poco a poco, con parsimonia. Solemos entrar en las casas cuando la noche es vieja, en esos momentos en el que el sueño de los humanos es más pesado. ¡Cómo disfrutamos viéndoos allí, tumbados en vuestra cómoda sepultura de sábanas y látex (¿os habéis percatado lo que se parece una cama a un féretro?)! Dormidos, hablando en sueños, con babas en la barbilla, así os he visto a todos vosotros y a todas vosotras. ¿Sorprendidos? ¿Por qué creéis que me he suscrito al foro? Para conoceros, para entenderos y para sorberos el alma. Os he visto desnudos, desvalidos, pobres criaturas hirsutas, encogidas sobre vosotros mismos. Os he contemplado haciendo el amor, discutiendo, teniendo pesadillas. Os he visto abrir los ojos y mirarme cuando os sorbo, poco a poco, parte de vuestra alma. Naturalmente, nunca recordáis nada, faltaría más (soy un profesional). Pero luego, cuando os levantáis, tenéis esa incómoda sensación de que alguien, esa noche, os ha estado observando. ¿Adivináis quién?
Por supuesto, también os he tocado. He acariciado vuestros sexos, vuestro pecho, vuestro pelo. ¡Me encanta la fragancia del cabello humano! Me gusta oleros, me encanta sorber el miedo que exhaláis por vuestra infecta boca cada vez que me acerco. Alguno de vosotros intenta oponerse, menea enérgicamente el brazo, pero todo es en vano. Estáis dormidos, profundamente, y yo me aprovecho de la situación. Si tuvieseis a merced a vuestras víctimas haríais lo mismo que yo.
Me gusta elegiros (uno cada noche). He estado en la casa de Chimo, en la de Chaleco, en la de Galana, en la de Kleos, Maritecla, bocaseca, Miranda, Dajabruem, Xyz… El único que casi me ha impedido tomar algo de su esencia es ese enigmático Monclio, aunque al final pude paladear su oscura alma (deliciosa). Cómo he disfrutado con vuestra sabrosa voluntad. Os he acariciado, os he tocado. Y allí permanecíais todos vosotros, quietos, fríos, verdaderamente cómicos. Por supuesto, no voy a abusar de vuestros recursos. Hay un gran rebaño esperándome en Valdepeñas, y estoy solo. Sin embargo, tal vez esta noche me acerque a ti. Seguramente sea ya en esa hora incierta en la que la oscuridad, antes de romper el alba, es más espesa y tenebrosa. Estarás, como siempre, totalmente entregado o entregada a los brazos de Morfeo. Acercaré mis labios a tu boca, te oleré y paladearé tu miedo antes de tomar un bocado de tu alma. Sentirás algo de frío, tal vez te revuelvas. Puede ser que te despiertes y mires el reloj, mientras te arropas y te das la vuelta. Pero yo ya no estaré allí. Me habré marchado, gozando de tu esencia. Tan sólo dejaré, detrás de mí, un inconfundible aroma a soledad.


(como está el jueves 18 en este hilo... Monclio, esto me mola. Dos por el precio de una).
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La_Galana el Sab Sep 20, 2008 9:20 am
Un poco largo, pero espero que os guste. Se llama:

EL MOMENTO MÁS FELIZ.

Es el momento más feliz de la mañana.

Llego cargada con el bolso, la mochila, dos carpetas y hasta un libro de oposiciones. Aparco el coche y se oye un ruidillo en el motor que parece que el pobre va a decir, “...al fin paramos…”. Llego hasta la puerta, y a falta de otra opción mejor, dejo el libro en el suelo, agarro el bolso con los dientes y, sin soltar las carpetas, consigo encontrar perdidas en el último bolsillo, las llaves de la entrada. Son las nueve y llevo corriendo desde hace dos horas. Benditos los que se levantan a las ocho y media para entrar a trabajar, no es mi caso. El ritmo es vertiginoso por las mañanas, pero cuando llego al trabajo, como insinúa mi auto… “al fin, paramos”.

Y tras conseguir llevar todo al mismo tiempo, haciendo uso de cada uno de mis miembros y alguno más que no sabía que podía servir para eso, y traspaso la puerta que me adentra en el portal del edificio, aún me quedan varias plantas por subir mientras las escaleras crujen murmurando que igual estaría bien que fuera hoy el día en el que me decidiese a empezar esa famosa dieta que siempre dejo “para el verano que viene”.

Por circunstancias de la vida me encuentro trabajando en una oficina anexa a un centro de ludoteca infantil, que por las mañanas está hasta los topes de pequeños energúmenos que no dejan de vociferar y dar saltos cual cabra montesa en su día más feliz en la montaña. Así que, cuando ya parece que el trabajo está hecho, y que solo tengo que abrir una puerta más para entrar a mi despacho…. No, aun me queda lo mejor. Atravesar todo un salón con un buen puñado de post-bebés pre-adolescentes de unos seis o siete años, que intento apartar de mis faldas, como si me encontrara en la Selva del Amazonas y estuviera apartando la maleza poblada de bichos. Por si os lo estáis preguntando, sí, hay monitores, pero entre tanto crío su voz se ahoga en las paredes y nadie parece hacerle mucho caso.

Por si creéis que me he equivocado, repito. Es el momento más feliz de la mañana.

Fue a mediados del pasado mes. Nunca me había percatado de su presencia. Vamos, ni de ella, ni de ninguno de los niños que pasan por la ludoteca. Es decir, los veo como un todo, un conjunto ruidoso que se mueve como un enjambre de abejas, rápidos y peligrosos. Pero esa mañana, la descubrí apartada del grupo, en una esquina, con unos enormes ojazos verdes que debían guardar dentro toda la tristeza del mundo. Acariciaba una muñeca medio desvencijada, que apenas tenía pelo y le faltaba un zapato. Hasta el vestido de la muñeca era triste. Ahora debería sonar la típica musiquilla de fondo cuando digo “la miré, me miró, nos miramos… y entonces el mundo nos concedió una pausa de esas que sólo se ven en las película románticas”.. no, claro que no, no nos enamoramos. Pero pasó algo, nos comprendimos o nos conocimos o no se que ocurrió en aquel lugar, pero ya no me costó ningún trabajo llevar todos mis trastos, abrir la habitación de mi despacho y desaparecer durante toda la mañana, hasta que también se apagaron las voces infantiles al otro lado de la puerta y supe entonces, que era la hora de marcharme de nuevo a casa.

Ella ya no estaba. No había ningún niño. No sé con qué intención la busqué por las distintas salas de la ludoteca, porque era evidente que no iba a estar. Pasados unos minutos fui consciente de la estupidez que estaba haciendo, y me fui a casa, pero algo había cambiado en mí, sabía que al día siguiente sin duda, lo primero que haría sería buscar los ojos de Irina entre la multitud.

Es el momento más feliz de la mañana. La hora en la que llego de nuevo al trabajo y la veo, nuevamente en su esquina, con su muñeca desvencijada y sus ojos que parecen antiguos y melancólicos.

Esa fue la primera vez que sentí la necesidad real de comunicarme con la jauría infantil. Algunos de ellos tenían caretas y la monitora les estaba leyendo un cuento.
- Hola pequeñajos! ¿Qué cuento os están contando?.
La monitora, sorprendida quizás al descubrir que yo no era un ente solitario y taciturno que se encierra horas y horas en un despacho, ajeno al mundo exterior, y que contra todo pronóstico, sabía comunicarme, decidió estrechar lazos.
- Hola! Están ensayando una versión de Blancanieves.
- Vaya… Que bonito… ¿Y quien de vosotras es Blancanieves?
- Yo – Respondió una pequeñaja de tez blanca y pelo oscuro, que desde luego respondía perfectamente a la imagen que todos tenemos de la niña del cuento.
- Y yo soy la madrastra- Dijo otra niña.
- Y yo soy un enanito- Con ese tamaño, aquel chaval no podía desde luego, tener un papel mejor dentro del cuento.
- Y yo soy..
- Y yo….
- Y yo…

Y así una multitud de vocecillas que se agolpaban todas al tiempo, resultando imposible que nadie oyera nada más. Pero ella no abrió la boca. Se quedó allí, con su muñeca y su soledad, mirándome como si me pidiese que la llevara conmigo. Y no fui capaz de hacer nada más. Simplemente volví a mi habitáculo y nuevamente salí a la calle, cuando se habían vuelto a marchar las voces infantiles.


La escena se repitió en varias ocasiones. Ella nunca decía nada, pero yo aprovechaba para fijarme en los detalles de su anatomía y su ropa. Así fue como me di cuenta de que debía ser hija de algunos inmigrantes del este, supuse, ya que su ropa era muy antigua y bastante vieja, casi como si la hubiera sacado de un baúl de ropa de niños del siglo pasado. Lo mismo ocurría con su peinado, una larga trenza castaña, bastante pasada de moda, que solía llevar recogida como un moño. Nunca estaba sucia ni mal cuidada, pero a todas luces era obvio que su familia debía ser muy pobre, porque siempre la vestían igual. Mi imaginación dio por sentada su nacionalidad rumana porque además no parecía entender el idioma, ya que no hablaba con nadie, tal vez porque tendría dificultades para integrarse en un país extraño y en un idioma desconocido. Y en un alarde total de empatía, hasta la bauticé con el nombre de Irina, porque así se llamaba la protagonista de una película de Europa del este que había visto la noche anterior.
Normalmente Irina estaba apartada del grupo, en una esquina, aferrada a la muñeca como si se agarrase a la vida. Sin embargo había algunas veces en las que la encontraba casi riendo, entre los pequeños, y alguna vez, hasta la observé andar para esconderse detrás de la monitora, quizá con algo de vergüenza. Fue en una de esas ocasiones en las que observé que cojeaba un poquito de la pierna derecha. Era una de esas imperfecciones que hacen aún más hermoso el objeto de nuestro delirio.

Mi obsesión por Irina iba en aumento, y en mi cabeza planeaba su adopción o su rapto. Soñaba que sus padres morían en un accidente de tráfico y que la niña, preguntada en el tribunal por quien quería que fuese su tutora, alzaba la voz y decía mi nombre ante todos los miembros de un asombrado jurado popular. Pero eso era sólo un sueño, la realidad es que Irina no era mi hija, ni lo sería nunca, y eso me hacía sentir cada vez más triste.

Una calurosa mañana de agosto me traía un regalo, y era que al fin, escuché su voz, y descubrí, para mi sorpresa, que hablaba un perfecto castellano. Nuevamente llegué cargada con todos mis trastos, subí las crujientes escaleras, atravesé el enorme salón de suelos de cerámica mientras todos los niños me decían, léase con tono infantil machacón:
- Yo soy el príncipe.
- Yo soy la madrastra.
- Mañana es el último día y hacemos el teatro, ¿vendrás? – me preguntó uno de los pequeños enanitos.
- Claro que sí, le dije, no me lo perdería por nada del mundo.
Y cuando ya estaba frente a mi puerta, y no esperaba ninguna sorpresa, llegó ella, mi Irina, y me dijo en un susurro….
- Yo soy el espejo.

No tuve tiempo a reaccionar porque la niña salió corriendo, dejándome envuelta en un halo misterioso que mezclaba la sorpresa con una fría sensación de pérdida absolutamente incomprensible. Así que no pude saber nada más de la actuación de la pequeña, y me aseguré a mí misma que terminaría todo el trabajo para poder ver la función al día siguiente. A esas alturas, la imagen de la niña se había hecho un hueco tan grande en mis pensamientos, que nada podía evitar que yo estuviera allí esa tarde.

Así lo hice. Llegué al umbral del teatro y me encontré ridícula entre una multitud de padres y madres no sé si más histéricos u orgullosos, pero en ambos casos, llenos de buenas intenciones y de ilusión. Tenía incluso la idea de encontrarme con la familia de la pequeña y decirles lo dulce que era su hija, y lo importante que era que la cambiaran de ropa, e incluso, ofrecerles mi ayuda económica si era necesario.
Pero Irina no estuvo allí. Tampoco encontré a ninguna familia que pudiera asemejarse a la niña para pensar que se trataran de sus padres o hermanos. Supuse que tal vez estaba enferma, algunas veces, la había visto toser, sobretodo en los últimos días, así que imaginé que tal vez esa fuera la causa de su ausencia…. O incluso podía haber sufrido una recaída en lo que quiera que le pasara en la pierna.

Es el momento más triste de la mañana.

La ludoteca ha terminado, y llego a mi trabajo con menos urgencia que otros días y la convicción de que no veré a Irina. Paseo por todo el centro con la más absoluta desolación. Quiero, necesito, ver una vez más a la dueña de los ojos más tristes del universo. Una sola oportunidad, le pido al cielo aunque no creo en nada, una sola oportunidad para decirle que… no se lo que quiero decirle, que sea feliz, supongo, que es una niña especial, supongo, que disfrute del resto de su vida y sobretodo una cosa, quiero decirle adiós, porque mi trabajo también termina en un par de días y probablemente, no nos volveremos a ver.

Es el momento más triste de la mañana. ¿Dónde estás Irina? Me pregunto sin esperar ninguna respuesta.

Con la mirada perdida y los ojos tristes me acerco a mi despacho dejando la puerta entreabierta esta vez. Pero no hay niños ahora. Sólo enormes habitaciones grises, con techos altos y puertas que crujen más de lo esperable. Hay instantes en los que levanto la mirada, porque tengo la sensación de que alguien, Irina tal vez, me espía detrás de la puerta. Pero no debe ser cierto, porque cuando clavo la mirada en el quicio de la puerta, nunca encuentro esos ojos eternos que me arroparon el alma en aquella mañana de verano.

Bajo por última vez las escaleras y casi tropiezo con Patricia, la monitora, que me sonríe amable, y me da pie para preguntarle por la pequeña de la muñeca vieja.

- Mmmm, no sé… no me suena nada una niña cojita… ¿ojos verdes dices?... ni idea.- Y en un tono desenfadado, me pregunta si no me asusta estar sola en este edificio.
- ¿Por qué habría de asustarme?
- No sé, como dicen que en los edificios antiguos suelen oírse crujir las puertas y las escaleras de madera cuando pasean por ellos los fantasmas…
- Calla… ¿Qué fantasmas va a haber aquí?
- ¿Quién sabe? El edificio tiene varios siglos, y hasta fue un hospital de niños enfermos de poliomielitis…
Ya me iba, preguntándome como era posible que Patricia no se hubiera fijado en Irina, cuando la monitora se giró hacia mí:
- Oye, si quieres quédate esta foto, están todos los chavales de la ludoteca, igual encuentras a la que buscas.
- Muchas gracias, le dije, ansiosa por quedarme a solas y ver otra vez la imagen de mi pequeña.

Salí a la calle y con la luz del día repasé una y otra vez la fotografía. Allí había cerca de 30 niños. Guapos, feos, altos, con dientes, mellados y hasta sucios… pero no estaba ella. O no la vi al principio. Sólo al observar detenidamente el espejo de la sala donde jugaban los niños, pude ver dentro de él, pero no reflejada, sino formando parte de la misma esencia del espejo, una pequeña que me miraba a través de unos enormes ojos verdes y cristalinos.

Hoy ha terminado mi contrato. Cuando he llegado a casa y he aparcado el coche, he sentido un viento frío que me acariciaba la mejilla, y que me ha obligado a girar la vista, para encontrar, en los asientos traseros, una muñeca medio desvencijada a la que le falta un zapato.
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Monclio
Aqui os dejo las fotográfias conseguidas en un piso abandonado, donde se escuchan lamentos y ruidos extraños. Dicen que en este piso murieron varias personas en extrañas circustancias. Las fotos estan tomadas con una cámara con un disparador con sensor de movimiento. Estan echas con oscuridad total, allí no se podía estar, la sensación de pánico y sugestión era superior a nosotros. La cámara apareció tirada en el suelo con una espacie de liquido pegajoso por encima.
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Este piso está en la calle Seis de Junio, muy cerca de la calle de las Escuelas. Se aprecia perfectamente la cara de una joven y unas manos que parecen querer parar la máquina cuando esta empieza a disparar fotos al detectar una presencia. Espeluznante
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ungol el Jue Sep 25, 2008 11:36 am
Tranquilo, Moisés. Sé que todo el mundo dice que estás loco, pero no es cierto. Cálmate. Relaja tus músculos, pon en blanco tu mente. Como siempre. Como las demás veces. Hoy, de nuevo, vas a probar el sabor de la sangre y de la carne humana, así que necesito que estés totalmente concentrado. Eso es, escúchame, porque voy a contarte una historia que seguro te va a gustar. Voy a contarte tu historia.
Todo comenzó cuando naciste. Tu madre, una mujerzuela vulgar, prostituta, te desechó en un infecto hospicio. Ni siquiera sabía quién era tu padre, así que no le importó abandonarte a lo que la suerte quisiera hacer de ti. Te entregó envuelto en paños cubiertos de sangre, de su inmunda e impura sangre. ¿Qué como lo sé? Yo mismo, querido Moisés, te recogí esa aciaga y lluviosa noche. No te alteres, tranquilo. Tu madre recibió su merecido. ¿Recuerdas el primer cuerpo que te comiste? ¿Adivinas de quién se trataba?
Tu infancia no estuvo exenta de peligros y de dificultades. Evoco a los niños huyendo de ti. Te llamaban el apestado. Cuando creciste te golpeaban, te escupían, te mortificaban. ¿Te acuerdas, verdad Moisés? ¿Recuerdas su crueldad, sus patadas, sus insultos? ¿Recuerdas el sabor de tus lágrimas, mezcladas con la sangre de tu boca, con el sabor de tu amargura, con el dulce aroma de la soledad? ¿Recuerdas sus pisotones, sus insultos, sus pedradas, sus vejaciones? Como les gustaba hacerte sentir mal. Cómo disfrutaban con tu miedo, con tu desgracia, con el hecho de ser un niño sin padres. Afortunadamente, todos ellos ya han pagado, con creces, los desmanes que cometieron contigo, pobre criatura justiciera. ¿Te acuerdas de aquél chico que siempre te daba golpes en el vientre? Qué curioso que acabara sus días digerido en tu estómago. Los designios del Señor son inescrutables. ¿Y qué me dices de esa chica rubia que tantas y tantas veces te puso la zancadilla cuando ibas a salir al patio? Como gritaba cuando arrancaste sus uñas, una a una, y se las hiciste comer. Cómo chillaba cuando le cortaste la pierna que siempre utilizaba para que te cayeras. Sí, Moisés, la venganza es el instrumento que la naturaleza humana nos ha puesto. Y nosotros la sabemos utilizar bien, la sentimos dentro de nosotros como algo necesario para purgar este infecto mundo de personas crueles. Nos llaman locos, Moisés, pero la hermandad de los Justos no puede dejar que esta sociedad se vaya al garete. Por eso te tenemos a ti y al resto de los hermanos. Personas solitarias, tristes, que han purgado todos sus pecados porque han sufrido un infierno en la tierra. Los justos. Vosotros sois el verdadero sentido de la palabra misericordia.
¿Qué más da, querido Moisés, que tengas que comerte sus cuerpos para purificarlos, para redimir sus errores, su soberbia, su humanidad? ¿Qué más da que tengas que masticar su corazón, sus pulmones, su carne, para que puedan llegar hasta el Justo Supremo? No importa que tengas que sorber su sangre y que ésta te corra, caliente aún, por la garganta, por el pecho, por tus brazos, mientras rezas la letanía Bene Gesserit contra el miedo:

No conoceré el miedo.
El miedo mata la mente.
El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total.
Afrontaré mi miedo.
Permitiré que pase sobre mí y a través de mí.
Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino.
Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada.
Sólo estaré yo.

Si Moisés, todos te dirán que lo que te digo es una locura, pero tú eres el arma perfecta de los justos, eres la herramienta purificadora mejor engrasada, y tienes que estar tranquilo esta noche. Sobre todo porque tienes una larga faena que realizar. Tendrás que entrar en la casa de Fermín, el carpintero. Nos han informado que, el otro día, despotricó contra nuestra hermandad en un bar de carretera. Como siempre, te introducirás en su casa con sigilo. Tiene una preciosa mujer y un niño, por lo que, como en otras ocasiones, lo atarás en una silla y descuartizarás primero al niño. Luego le tocará el turno a la mujer. Sabes que seguimos una estricta castidad, así que tan sólo tendrás que acabar, lentamente eso sí, con su vida, con su miserable y anodina vida. Y luego te encargarás de Fermín. Si eres hábil puedes incluso hacerle mirar sus intestinos desparramados sobre el suelo… Y, naturalmente, cómete su corazón. Purifícalo de la mentira, de la infamia. Es lo mejor que sabes hacer, y lo haces, desde luego, muy bien. Adelante, Moisés. Esta noche, de nuevo, tienes que repartir justicia.

P.d.: no me lo toméis en serio, ¿eh? Pero he reflexionado mucho sobre este particular, y me aterra que algún día un grupo de desquiciados pudiera realizar atrocidades como esta. Bueno, pues ya lo he soltado. Espero que os disguste (je, je, je).
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Monclio el Mar Sep 30, 2008 3:28 pm
Gracias a Dios ha llegado el día, tanto sufrimiento, tanta desesperación e impotencia ha merecido la pena, ahora me toca a mi.
He cuidado mucho la escena, luz tenue, sus fotos encima de la mesa que hay junto a mi y donde tengo todo el material que voy a usar. Pero sobre todo él, aqui lo tengo después de tantos años, tengo su cuerpo desnudo y atado en mi mesa de tortura. Aún esta semidormido y solamente espero que despierte para empezar mi ritual.

Poco a poco empieza a abrir los ojos y veo su cara de sorpresa y miedo al verse en esta situación, pero debo estar tranquilo le he cosido la boca con hilo de pescar para que no pueda gritar. También le he puesto una la luz fija de un flexo de mi hija, apuntandole directamente a los ojos, aun no quiero que me vea.

Bueno es hora de empezar, su sudor me empieza a asquear y cada ver me repugna más, he decidido empezar por sus uñas, el muy cabrón encima, las tiene bien cuidadas. Cojo los alicates y poco a poco empiezo a tirar de la uña del dedo indice, se retuerce de dolor, que se joda, Dios que fuerte me ha costado un huevo sacarla, ver como se desgarra la carne y como sangra casi me produce placer. Voy a probar con otra, ya está, esta ha salido antes, pero empiezo a pensar que esto no es suficiente dolor para pagar su deuda. He de mantenerme sereno, aunque de buena gana lo mataría ahora mismo. Llora ,llora que no te va a servir de nada, pienso mientras cojo un estilete para rajarle la piel del torso. sin profundizar mucho para que vaya sangrando poco a poco. Su mirada de dolor es impactante, ahora se que lo estoy haciendo bien, que está sufriendo.

Necesito un trago de agua, el olor a sangre y sudor me seca la boca. ¡Como sangra el cabrón! Su sangre cae por la pata de la mesa hacia la alfombra que con tanto cariño compró mi mujer. Vamos a ver, espero ser capaz de hacer esto, creo que si, me coloco detrás de él mientras intenta chillar tanto que la costura de sus labios empieza a rajar su piel, con la mano izquierda introduzco dos dedos en la cuenca de su ojo izquierdo y tiro de el hacia arriba con decisión, noto como se van rompiendo los nervios del ojo mietras lo separo de su cara y la sangre le cae en la boca, eso eso retuercete de dolor que aún no he terminado contigo. Nunca habia visto un ojo fuera de la cabeza es curioso lo blandito que es.

Tiene tanto dolor que hasta se ha hecho sus necesidades encima el muy mierda, tan valiente como es. No puedo prolongar esto mucho más, mi sed de venganza. Cojo el cuchillo de cocina con la mano izquierda mientras con la derecha estiro su pene y poco a poco y llevando el cuchillo de un extremo a otro voy observando como se desprende la carne de su pubis mientras su cuerpo se tensiona tanto por el dolor que parece que va a reventar. Aqui está su orgullo en mi mano, su arma de violar y de humillar mujeres y niñas y de la cual presumia el muy hijo de puta, se acabó, es hora de presentarme. Aún está consciente, la hemorragia de su entrepierna es temenda la sangre sale a borbotones, he de hacerlo antes que muera, con las tijeras le corto el hilo de su boca,¡¡ ja ja intenta chillar!! Cabrón anoche tuve la precaución de cortarte la lengua antes de coserte la boca. Es hora, apago el flexo que ilumina su cara y aqui estoy.
- ¡¡ Siiiiii soy yo, asesino, tu mataste a mi mujer y mi hija después de violarlas y de someterlas a mil y una vejación !!!
Pensabas que 10 años en una carcel sería bastante castigo,¡¡nooo la muerte se paga con muerte!!
- Anoche mi colega te emborrachó en el bar y después de drogarte te trajo a casa para terminar la venganza que la ley es incapaz de conceder para que las personas queden en paz.
- He esperado 10 años pero ha merecido la pena, cabrón!!

Después de hablar con él, le meto sus partes en la boca, está practicamente muerto, pero me siento con la fotografía de mi mujer y mi hija mirandole hasta que se le apague el último suspiro de vida.
Tras una hora de lamentos y convulsiones todo ha terminado, estoy en paz, he hecho mi justicia.
Tengo preparado el billete para volver a verlas, es lo que necesito después de esta orgía de dolor y sangre, mi vieja pistola oxidada me hará emprender el viaje de inmediato hacia ellas. tembloroso la cojo y la situo en mi cabeza, pongo el dedo en el gatillo y ¡¡¡PUMMM!! Se acabó.

Es un poco gore, espero os guste.
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Re: Historias para no dormir

Notapor Kleos » Jue Jun 10, 2010 8:52 pm

ungol el Mié Oct 08, 2008 7:34 pm
Hace mucho, mucho tiempo, cuando el sol todavía era joven, cuando las nubes tenían aún la capacidad de reír y las estrellas de llorar, cuando los árboles podían caminar y las piedras crecían y daban consejos, nació un héroe de la raza que llaman los oscuros humanos. Un frágil, llorón y sucio niño, de piel blancuzca y pelo negro, con ojos pequeños y oscuros como carbones. Naturalmente, cuando nació nadie imaginaba que iba a ser el que condenara a los hombres, porque en ese momento todo estaba bien, en su sitio. Pero si alguien se hubiese molestado en mirar al cielo la noche de su alumbramiento hubiera visto una curiosa luz rojiza en el firmamento, como un pequeño punto. Era, sin duda, el ojo del Dios de la guerra, que miraba a su súbdito entre feliz y esperanzado.
Lo cierto es que nuestro personaje creció fuerte y robusto, en el seno de una familia que se dedicaba al comercio de pensamientos. Joram lo llamaron, como la primera estrella que salía tras la puesta del sol. Y Joram aprendió los secretos del negocio familiar con ahínco y perseverancia. Siempre fue fiel a los principios de inviolabilidad que demandaba el gremio de los pensagraters, que así llamaba la población a los que, por un módico precio (una sonrisa, un abrazo, unas palabras amables) envolvían en papel de ilusión uno o dos pensamientos alegres para aquellos que habían perdido la esperanza en su humanidad. Y esos principios decían que nadie, bajo ningún concepto, de ninguna manera, podía abrir la bolsa de seda en la que iba metido el pensamiento y mirar dentro, porque si lo hacía se convertiría en el Kramort, una figura legendaria de cuerpo oscuro y lengua de fuego que se alimentaba de los ojos de los humanos. Y creedme si os digo que la leyenda se la tomaban en serio; entre otras cosas porque, en la puerta de entrada a la zona de tiendas pensagraters, había una cabeza de Kramort en lo alto. Una fea y deforme cabeza negra, con la lengua apagada y los ojos sin vida, enorme, horrible. Una cabeza que había pertenecido a un humano que se había saltado la prohibición a la torera y había terminado sus días clavado en una dovela de piedra.
Supongo que estaréis pensando que Joram no pudo cumplir su palabra de no mirar en las bolsas de seda y se convirtió en un Kramort. Intuyo que vosotros, ávidos lectores de historias rocambolescas de muertos, sangre, fantasmas y espiritismo, habéis llegado a esa conclusión. Siento desilusionaros, pero Joram cometió un pecado aún mayor: robó un pensamiento. En cierta ocasión una viejecita, arrugada, gris, cenicienta, con ojos gastados y voz temblorosa, llegó a la tienda y pidió su mercancía. A cambio daría aquello que más apreciaba en esta vida: daría su primer y último beso, que guardaba para una ocasión como esta. Joram abrió el cajón donde se guardaban los pensamientos y puso la mano. Al instante, sintió la caricia familiar que indicaba que lo que quería la mujer, lo que necesitaba, lo tenía en ese momento entre sus dedos. Cogió una bolsa de seda e introdujo el pensamiento en ella. Pero, intrigado por el hecho de que alguien sacrificase su único beso en la mercancía, cogió otra bolsa y metió en ella un nuevo pensamiento, que dio a la mujer. Cuando ésta salía por la puerta abrió presurosa la bolsita de seda e inhaló los vapores de la sutil mercancía, adquirida con su única riqueza, que ni siquiera había malgastado con sus hijos ni con su marido. Al instante, el ansia y la vitalidad de la mujer se detuvieron y, mientras la anciana se giraba lentamente, una mueca de dolor e incomprensión cruzó su cara. Tan sólo pudo articular una palabra mientras la vida la abandonaba: Kun-Kramort. El gran Kramort. El humano oscuro. El héroe del caos.
Al instante Joram sintió que algo se apagaba en su interior. Lentamente, muy lentamente, fue perdiendo la noción de su humanidad, convirtiéndose en una pesadilla para la raza humana. Sus manos fueron adquiriendo la dureza de las garras. Su cabeza comenzó a metamorfosearse, mientras que sus ojos se desvanecían y su lengua se transformaba en un río de fuego, en un pendón de carbones y rabia. El Kun-Kramort.
Desde ese día, la raza humana sufrió una gran transformación. Nadie salía de sus casas por la noche. Las madres asustaban a sus hijos con la figura del humano oscuro. La única ventaja vino con aquellos que habían cometido algún acto reprobable, como mentir o hablar mal de sus amigos: a ellos las autoridades los ataban y los ofrecían, en patético sacrificio, a la criatura. Naturalmente, está de más decir que, al día siguiente, aparecían muertos, con el rostro desencajado, las mandíbulas abiertas y un gesto de horror en sus vacías cuencas. Algunos también, por cierto, presentaban cómicas mordeduras en los brazos.
Como todas las cosas, el Kun-Kramort estuvo sembrando el pánico durante muchos años, durante muchas noches (con las consiguientes penas de la luna y sus hijas, las estrellas). Pero los humanos acabaron por conformarse con la situación. Además, desde que al héroe maldito le había dado por entrar en las casas y devorar los cuerpos infantiles, la raza había comenzado a menguar. Notable y considerablemente. Aquellos frágiles humanos, amantes de la verdad y de la risa sincera, estaban desapareciendo. Y el Kun-Kramort, por el contrario, encontró a otros de su especie con los que reproducirse y formar un imperio. Por cierto, existen crónicas por ahí que le dan otro nombre, más sonoro y menos tenebroso: lo llaman Adán. Pero eso, supongo, es una historia que ha de ser contada en otra ocasión. Y, como las buenas historias, supongo que será incierta.
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Monclio el Vie Oct 17, 2008 7:04 pm
Ando bastante liado, me perdonareis si estoy unos dias un poco perdido. Os pego esta historia que escuché en la radio y que es impactante, espero os guste:

El hombre del rostro carbonizado


La noche del 19 de agosto de este año pasaba por el camping de Los Alfaques sin ser consciente de que circulaba paralelo a ese lugar, hacia las dos de la madrugada. En una recta, sin ninguna visibilidad, sin venir ningún coche por delante ni por detrás; encendí las luces largas y, de pronto, vi perfectamente a siete u ocho personas invadiendo el carril, en pleno asfalto a oscuras...,todos separados, cada uno a metro o dos del otro....


Me intrigó sobremanera, porque unos miraban directamente hacia la calzada, niños y mayores, y otros estaban de espaldas a ella, mirando hacia el campo..., porque allí solo había una llanura inmensa. No movían ni un solo brazo, ni una pierna, nada.....Y me fui aproximando. Vi que llevaban ropa de verano y alguno incluso la típica gorra para el sol. No portaban linternas, ni luz alguna. No miraron siquiera a mi vehículo al pasar tan cerca, con las luces. Como si no existiera.

La oscuridad era absoluta y no se que me ocurrió...Quizá el miedo, o notar que no era normal. Tenía la completa certeza de que era algo extraño y le juro que me quedé sin saliva en la garganta y, habiendo ya pasado a los dos extraños grupos de personas, desperté a mi mujer, que iba dormida atrás.

Fue ella la que me dijo que a un lado quedaba el camping, que contaban que se quemó hace muchos años y donde hubo una auténtica tragedia.

Entonces noté el verdadero escalofrío.

Le aseguro que nunca he creído en estas cosas, pero intuí que lo que yo había visto, esa especie de familias en plena oscuridad, mirando como perdidos a un lado de la carretera, como robots, no era normal.....

Pero que paso realmente hace veintiséis años atrás en el camping Los Alfaques ?sucedió esto...

Un fatídico 11 de junio de 1978, justo desde el lugar en el que , veintiséis años después, se había encontrado con la extraña procesión de turistas perdidos en la madrugada. Fue un holocausto que nunca podría olvidar los que allí vieron los cadáveres apilados, en tétrica línea recta sobre la arena de la playa, convertidos en carbón y aún con la última postura que tenían cuando el aire se convirtió en fuego...

Buena parte de los despreocupados turistas se hallaban, en aquellas primeras horas de la tarde, reposando a la sombra.

Muchos de ellos ya no se despertarían. Quedaron calcinados sobre el terreno.

A otros la onda expansiva los lanzó a una considerable distancia;incluso se llegaron a recoger horas después varios cuerpos del mar. Primero hubo un pequeño incendio y, a continuación, una violenta explosión que produjo una devastadora bola de fuego que arrasó el camping.

En el lugar del impacto se abrió un cráter de veinte metros de diámetro y dos de profundidad. El agua burbujeaba. La playa se había convertido en un mar hirviente en la que continuaban pequeñas explosiones, y los cuerpos que habían sido sorprendidos flotaban como convertidos en cera....Algunos estaban sentados en las hamacas, ya con la calavera y a veces una gorra o jirón de ropa..... El recuento inicial inmediato de víctimas daba ciento cincuenta muertos y varios centenares de heridos, muchos de ellos horriblemente mutilados...La identificación de los cadáveres fue una tarea penosa y larga; la calcinación de los cuerpos y la total destrucción de los oficinas donde estaban depositadas las fichas de los huéspedes la hizo en más de un caso imposible...
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ungol el Vie Oct 24, 2008 5:24 pm
¡Cómo me gusta la navidad! No en vano ser Papá Noël tiene la recompensa de gozar con los copos de nieve, de reír sobre un tejado, de notar el gélido viento invernal azotando tu rostro, mientras llevas en el trineo un sinfín de maravillas para los niños de la tierra. Sí, ser un personaje mítico y mágico conlleva unas responsabilidades y unas tareas ineludibles. Por ejemplo: a los niños que se portan bien me gusta agasajarlos con los mejores presentes, con las más suculentas viandas. Pero a los que se portan mal, a los que han sido taimados, a ellos les tengo reservado el mayor de los terrores posibles. Mi bondad, mi absoluta y terrible buena persona, mi rectitud, no me permiten soportar a los chavales traviesos, a los que cruzan la calle sin mirar, a los chicos malos. A ellos les reservo, con todo mi cariño, algunos regalos específicos. ¿Carbón en el árbol? Propio de los mojigatos esos de los Reyes Magos! A mí me gusta más aplicar brea caliente sobre la débil piel de los chicos. Me encanta oírlos gritar de puro pánico mientras les susurro, con voz queda: Has sido malo y lo tienes que pagar. Incluso si ese día estoy inspirado les hago probar parte de su vómito. Con la edad me voy volviendo más retorcido.
Y cómo olvidar a esos desalmados que arrojan papeles al suelo. Para ellos siempre reservo a mi amiga el hacha de doble filo la cual, blandida con la eficacia que acostumbro, permite cercenar una mano humana en menos de un segundo. Hace unos años empleaba una sierra de carpintero, pero ya podéis imaginar la escena: entre los alaridos, los tendones agarrados a los dientes metálicos y mi poblada barba llena de sangre, tuve que ingeniármelas para conseguir el mismo resultado con métodos más limpios. Y lo cierto es que hasta los del sindicato me han felicitado: he reducido los riesgos que conllevaba la práctica anterior (imaginaos si se engancha la sierra en algún hueso de la muñeca y, al tirar, me corto o me araño…).
A los mentirosos, a esos demonios que sólo saben sacar de su boca falsedades, a ellos les hago comer caramelos de sosa cáustica. Algunos, si ese día estoy inspirado, incluso han podido ver cómo el caramelo les ha ido quemando, poco a poco, su delicado y juvenil aparato digestivo (nada hay más didáctico que estudiar la biología con las tripas en la mano, creedme). Y luego, si han sobrevivido, los saco a la calle, para que Rudolph (que es un cachondo, todo hay que decirlo), termine la tarea. Qué bien lo pasamos juntos mis chicos y yo. Además, desde que cambié los renos por tigres de bengala me sobran menos cadáveres.
De cualquier manera, me estoy haciendo mayor. Antes siempre me ponía mi casaca roja, mi cinturón ancho, mi gracioso sombrero con borlita, y salía el 24 por la noche a repartir justicia y estopa. Qué tiempos aquellos, cuando una madre decía aquello de:

-Si no te lo comes vendrá Papá Noël y te lo hará tragar.

Y yo, efectivamente, me presentaba ante el inepto muchacho y le hacía tragar la comida con el plato (no sé que tendrán los humanos que les cortas un poco el dedo (digamos unos tres centímetros) y enseguida te hacen caso). También me gustaba mucho ir a las casas y oler el aroma del hogar feliz, del hogar bueno, del hogar como debe ser. Bueno, algunas veces tenía que golpear a los que habían decorado el árbol (odio profundamente que me pongan entre dos bolas o que no ocupe un lugar preeminente en la decoración), pero eso son cosas secundarias.
Por cierto, tengo que comentaros que todas las cartas que me habéis escrito me han llegado. Naturalmente, tengo que leerlas todas y cada una, y ello me lleva 364 días al año. En todas los niños proclaman su bondad, lo bien que se han portado, lo mucho que se han esforzado a lo largo del año… No os tengo que decir que casi todos mienten. Para asegurarme que están diciendo la verdad los conecto a una máquina especial, que me dice si se me ha engañado en la carta o no. Bien es cierto que algunos ya han crecido, pero eso no los exime de su responsabilidad. Así que los enchufo en mi súper invento y les voy preguntando. Cuando me mienten me enfado, me enfado mucho. Así que les doy un cariñoso cachete en la cara (deberían ponerle una estatua al que inventó el guante con clavos por fuera. Canela fina, créanme). Y al final todos acaban reconociendo su culpa, su mentira. Y entonces, la verdad, la desnuda y pura verdad, luce en todo su esplendor.
Se va acercando la navidad, queridos míos. Tal vez os tenga que hacer una visita para ver si aquella carta que me escribisteis cuando erais niños es rigurosamente cierta Tal vez tenga que persuadiros, con la eficacia de la que hago gala, de que me contéis si es innegable que ese año os portasteis bien. Quizá os tenga que retorcer un poco las manos con las tenazas y los alicates pero, ¿no creéis que una de las cosas más bonitas de esta vida es vivir diciendo siempre la verdad? Por eso os voy a ayudar a que podáis ser mejores personas gracias a mis técnicas. No, no me deis las gracias, por favor. Esto lo hago porque soy tan bueno, tan bondadoso, que no necesito el reconocimiento a mi labor. Lo que sí te pido es un favor: si una de estas noches oyes, en el tejado, un sonido de alegres campanillas, sabrás que he llegado. No intentes escapar, por favor: me disgusta sobremanera tener que salir de caza y, de cualquier manera, vas a acabar con algunos huesos rotos mientras escuchas, de mis labios, esa cita bíblica que el maldito Tarantino me usurpó (a él también le visité hace algún tiempo…):
“El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por la injusticia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel pastor que en nombre de la caridad y de la buena voluntad saque a los débiles del valle de la oscuridad, porque él es el auténtico guardián de su hermano y el descubridor de los niños perdidos. Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos. ¡Y tú sabrás que mi nombre es Yavhé cuando caiga mi venganza sobre ti!”.
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Re: Historias para no dormir

Notapor Galana » Jue Jun 10, 2010 9:29 pm

Genial!! Ya pensaba que este hilo lo perdíamos.
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Re: Historias para no dormir

Notapor BLANCHA » Jue Jun 10, 2010 11:01 pm

¿Qué fue de ungol? No se ha vuelto a dejar leer.
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BLANCHA
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